Reforma y humedad
Condensación después de cambiar las ventanas: qué ha cambiado en realidad
La vivienda no ha empezado a generar más humedad: ha dejado de perderla. La carpintería vieja dejaba pasar aire de forma continua, sin que nadie lo decidiera, y con ese aire se iba parte del vapor de las duchas, la cocina y las personas. Al sustituirla, esa fuga desaparece en un día y queda a la vista una ventilación planificada que quizá nunca se diseñó.
En esta página
- Aire exterior y superficies frías
- Aire interior, cálido y húmedo
La vivienda no genera más humedad: ha dejado de perderla
Dos personas durmiendo con la puerta cerrada, una ducha diaria, la olla del mediodía y la ropa tendida dentro producían exactamente el mismo vapor el invierno pasado que este. Lo que ha cambiado no está dentro de la casa: está en su perímetro.
Una carpintería vieja es una suma de fugas pequeñas y permanentes. El encuentro entre hoja y marco, los cepillos gastados, los herrajes que ya no aprietan contra la junta y, sobre todo, el cajón de persiana, que es un hueco abierto en la fachada con una ranura por donde entra la cinta. Por ahí pasaba aire las veinticuatro horas, empujado por el viento y por la diferencia de temperatura entre dentro y fuera. Nadie lo había decidido, nadie podía regularlo y en enero se notaba en los tobillos, pero retiraba vapor de agua sin parar y sin que nadie se enterara.
Al montar carpintería nueva esa fuga se cierra en una mañana. La producción de humedad sigue idéntica; la salida, no.
El mecanismo de fondo, en dos líneas: el agua se condensa cuando el aire interior, cargado de vapor, toca una superficie que está en el punto de rocío o por debajo, y eso depende a la vez de cuánta humedad se genera, cuánto aire se renueva y cómo de frías están las superficies. La explicación completa tiene página propia; aquí lo que importa es qué piezas ha movido la reforma.
Y las ha movido en sentidos opuestos. Las superficies interiores están más calientes, lo que juega a favor. La renovación de aire ha caído en picado, lo que juega en contra. De ahí que el resultado desconcierte: el vidrio ya casi no se empaña y, sin embargo, la vivienda huele más cerrada y aparecen manchas donde antes no había nada.
Cambiar las ventanas no provoca moho
Lo que hace la sustitución es retirar una vía de ventilación accidental de la que la vivienda dependía en silencio. Al quitarla queda al descubierto el recorrido de aire planificado, y si ese recorrido nunca se diseñó, o se fue tapando con los años, ahora no hay nada que ocupe su sitio.
Por eso reclamar a la carpintería por el vaho de una pared apunta al sitio equivocado: las ventanas están haciendo justo aquello por lo que se pagaron. Menos ruido de calle, menos corrientes, menos pérdida de calor y un vidrio interior más templado son el resultado buscado, no una avería.
Sí hay tres cosas que son competencia de quien montó la carpintería, y conviene separarlas del problema del aire:
- vaho o gotas entre los dos vidrios, que no se pueden secar por dentro: ha fallado el sellado de la cámara y es un defecto de la unidad de vidrio;
- agua estancada dentro del perfil inferior porque los agujeros de drenaje están obstruidos o no se ejecutaron;
- hojas que no apoyan de forma uniforme sobre la junta, con un lado que cierra y otro que no.
Todo lo demás —el vaho por la cara interior del vidrio, la mancha en el rincón, el olor a cerrado— habla del aire de la vivienda, no del producto.
Y hay un movimiento que conviene no hacer: dejar las ventanas entreabiertas todo el invierno para imitar la fuga anterior. Eso devuelve el ruido y el frío, deshace buena parte de la reforma y sigue siendo una renovación incontrolada, que unos días sobra y otros no llega. El objetivo no es volver atrás, es cambiar una fuga accidental por una entrada que se pueda decidir.
El agua se ha mudado a las superficies que siguen frías
Antes de la obra, el vidrio era la superficie más fría de la estancia y funcionaba como un aviso gratuito: cada mañana empañado, cada mañana un recordatorio. El vidrio nuevo está bastante más templado, así que ya no recoge el agua. El vapor no ha desaparecido, simplemente busca la siguiente superficie fría de la lista.
Esa lista la encabezan los puntos donde el aislamiento se interrumpe:
- las mochetas y el dintel del propio hueco, alrededor de la ventana recién puesta;
- el frontal y el interior del cajón de persiana, cuando se ha dejado sin sellar ni aislar;
- la esquina donde se encuentran dos paredes de fachada, que se enfría por dos lados a la vez;
- el paño de pared que queda detrás de un armario o de un sofá arrimado, sin aire que lo barra;
- la habitación que da al patio de luces, con poco sol y aire exterior húmedo y quieto.
Ninguno de esos sitios se seca solo en unas horas, como hacía el vidrio, y varios están fuera de la vista. Esa es la parte incómoda de la mudanza: la reforma no ha creado el problema, ha retirado la alarma y ha desplazado el agua a lugares donde tarda mucho más en notarse y donde el moho encuentra mejores condiciones para instalarse.
Merece la pena hacer una ronda deliberada: mano abierta sobre las paredes de fachada, mirada detrás de los muebles arrimados, y atención a los cambios de tono de la pintura en los rincones altos y en los bajos.
Qué tocar primero, y cuándo pasar al paso siguiente
El orden importa porque cada paso hace que el siguiente funcione. Empezar por el final —comprar una máquina antes de que exista el recorrido del aire— deja un equipo trabajando por debajo de lo que dice su ficha.
| Paso | Sobre qué actúa | Cuándo pasar al siguiente |
|---|---|---|
| Reducir el vapor que se genera | La carga de humedad | Si en dos o tres semanas el patrón de manchas o de vaho no se mueve |
| Recuperar el recorrido del aire | La entrada y el paso interior | Si ya entra aire pero baño y cocina no evacuan de verdad |
| Extracción real en estancias húmedas | La salida | Si con extracción correcta la vivienda entera sigue cargada |
| Ventilación planificada y continua | La renovación de fondo | — |
El primer paso no cuesta dinero: tapar las ollas, dejar la campana en marcha un rato después de cocinar, encender el extractor durante la ducha y no solo al terminar, y no secar ropa en un dormitorio cerrado. En una vivienda que antes fugaba aire sola, estos gestos apenas se notaban; ahora deciden bastante.
El segundo es el paso propio de este caso: no consiste en comprar nada, sino en devolver a la vivienda una entrada de aire y un paso interior. El tercero depende del segundo: un extractor solo saca aire de una estancia si puede entrar aire por otro sitio, y una puerta de baño ajustada, sin holgura inferior ni rejilla de paso, es una causa fácil de pasar por alto cuando el extractor parece no hacer nada.
Por dónde va a entrar el aire ahora
El Documento Básico HS 3 del Código Técnico organiza la vivienda en estancias secas —dormitorios y salón— por donde se admite aire, y estancias húmedas —baños y cocina— de donde se extrae, con aberturas de paso entre unas y otras. El aire recorre dormitorio, pasillo, baño o cocina y sale. Al sellar la carpintería, la pieza que se ha quedado sin sustituto es la primera: la admisión.
Reponerla tiene tres vías, y ninguna es el baño.
Aireadores en la propia carpintería. Se colocan en el perfil, en la hoja o en el cajón de persiana, y admiten aire de forma continua sin abrir la ventana. Los hay autorregulables, que limitan el paso cuando sopla viento, e higrorregulables, que abren más cuando sube la humedad interior. No todos los perfiles admiten montarlos una vez instalada la ventana: es una pregunta que sale muy barata antes de firmar el pedido y bastante cara después.
Aberturas en el muro de fachada. Un taladro pasante no es un trabajo doméstico y, en un edificio plurifamiliar, la fachada es un elemento común: se decide con un técnico y con la comunidad, no con una corona y una tarde libre.
El paso interior, que ya existe y suele estar roto. Es la parte gratuita. Comprobar que bajo las puertas de baño, cocina y dormitorios queda holgura o rejilla, y que la tarima nueva no se ha comido ese centímetro largo que había antes. Sin ese paso, aunque entre aire por el salón, no llegará a la estancia de la que hay que sacarlo.
Dónde se pone la admisión también cambia lo que se recibe: un aireador a una calle con tráfico trae ruido, y uno a un patio de luces toma aire húmedo y poco movido. Por eso la posición no es indiferente y no siempre coincide con el hueco más cómodo de perforar.
La misma historia, a escala de reforma integral
El cambio de ventanas es la versión visible de algo más amplio. Una reforma que mejora la envolvente suma varias operaciones que, cada una por su lado, cierran una vía de aire:
- aislamiento por el exterior o por el interior y sellado de los cajones de persiana;
- puertas interiores nuevas que ajustan mucho mejor que las que había;
- suelo nuevo que sube la cota y elimina la holgura bajo las hojas;
- rejillas antiguas de cocina o baño que desaparecen bajo el alicatado o el enlucido;
- una galería o terraza que se cierra y deja de ser el colchón ventilado que era;
- una campana de recirculación con filtro de carbón, que devuelve a la cocina el mismo aire que ha aspirado.
Ese último punto merece atención propia: el Código Técnico pide en la cocina una extracción específica para los vapores y humos de cocción, aparte de la ventilación general de la vivienda. Un aparato que filtra grasas y olores y devuelve el aire a la misma estancia no está haciendo ese trabajo, por bien que reduzca el olor.
Ninguna de esas decisiones es un error por sí sola. El error es tomarlas todas sin que nadie dibuje por dónde va a circular el aire después. Y el momento de hacerlo es cuando el presupuesto todavía se está cerrando, con los techos abiertos y las rozas por hacer, no cuando ya está todo alicatado y cualquier abertura obliga a repetir trabajos terminados. Qué parte del DB-HS3 resulta exigible en cada obra depende de su alcance y lo fija el técnico que la proyecta.
Cuándo esto deja de ser una cuestión de hábitos
Hay señales que apuntan a otro mecanismo, y en ese caso insistir en ventilar solo alarga el daño:
- manchas que no se secan nunca, tampoco en semanas secas o en verano;
- humedad en la parte baja de la pared que sube desde el suelo;
- manchas que aparecen o crecen solo tras episodios de lluvia o de viento de mar;
- humedad lejos de cualquier ventana, o justo bajo un baño del piso de arriba.
Filtraciones, capilaridad y entradas de agua de lluvia son mecanismos distintos, con soluciones distintas, y no se distinguen de forma fiable sin una inspección presencial. La coincidencia con la fecha de la obra es una pista, no un diagnóstico.
También hay viviendas donde el recorrido no se puede reconstruir abriendo: pisos con huecos en una sola fachada, baños interiores sin ventana, dormitorios que solo dan a un patio de luces. Ahí la conversación deja de ser sobre hábitos y aberturas y pasa a ser sobre una renovación planificada y continua, que es una decisión técnica con su propia página.
Y si la humedad persistente ya ha derivado en moho visible, conviene no convivir con él: las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho respaldan relacionar la humedad interior persistente y el moho con síntomas respiratorios. Corregir el aire y retirar el moho existente son dos trabajos distintos, y lo primero no garantiza que lo segundo no vuelva.
Si la obra todavía no está hecha
Con los presupuestos de carpintería todavía sobre la mesa, todo esto cuesta una conversación. Con las ventanas ya montadas, cuesta desmontar cosas. Tres cuestiones, resueltas antes de firmar:
- Por dónde entrará el aire después. Preguntar si el perfil elegido admite aireadores, en qué posición y en qué estancias se van a colocar. La respuesta condiciona el modelo, no solo el montaje.
- Si las estancias húmedas evacuan de verdad hoy. Probar el extractor del baño y la campana antes de la obra, con la puerta cerrada y entreabierta, deja constancia de cómo estaban las cosas antes de tocar nada.
- Qué va a retirar la obra sin decirlo. Rejillas existentes, holgura bajo las puertas, cajones de persiana que se sellarán. Conviene hacer la lista por escrito y entregarla a quien planifica los trabajos.
Ninguna de las tres encarece la carpintería. Las tres cambian el punto de partida del primer invierno con las ventanas nuevas puestas.
Fuentes
Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.
- Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
- Guia d’aplicació del DB HS 3 — Qualitat de l’aire interior — Col·legi d’Arquitectes de Catalunya
- Ventilació mecànica controlada en habitatges — Generalitat de Catalunya — Departament d’Habitatge
- WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould — World Health Organization