Humedad en la vivienda
Condensación en las paredes: el mecanismo y las tres palancas
El agua de una pared que condensa no ha entrado de fuera: es el vapor que ya circulaba por la vivienda y que se vuelve líquido al tocar una superficie por debajo de su punto de rocío. Intervienen tres cosas a la vez —el vapor que se genera, el aire que se renueva y la temperatura de las superficies frías—, y por eso una medida correcta puede no resolver nada si actúa sobre una sola.
En esta página
- Aire exterior y superficies frías
- Aire interior, cálido y húmedo
Qué ocurre exactamente en el punto donde aparece el agua
El punto de rocío es la temperatura a la que un aire concreto deja de admitir el vapor que lleva. No es un valor fijo: depende de cuánto vapor haya en ese aire en ese momento. Cuanto más cargado está el aire de una vivienda, más alto es su punto de rocío, es decir, menos frío hace falta para que el vapor se vuelva agua.
Y todo sucede en una película de aire finísima, pegada al paramento. La habitación puede estar templada, pero la capa que roza la superficie se enfría casi hasta la temperatura de esa superficie. Si queda por debajo del punto de rocío, suelta agua encima, se desplaza, y otra capa ocupa su lugar y hace lo mismo. Una pared que condensa no expulsa humedad desde dentro del muro: recoge la que le llega por el aire.
De ahí sale la consecuencia que más cambia el diagnóstico: en una condensación no entra agua por ningún sitio. El vapor ya circulaba por la casa —de respirar, de la ducha, de las cazuelas, de la ropa tendida— y la pared solo ha hecho de superficie de recogida. Por eso no se corrige con un producto aplicado por fuera, y por eso el agua vuelve al mismo punto en cuanto se repiten las condiciones.
También explica que sea un fenómeno de umbral y no un deterioro progresivo. Hay semanas enteras en las que no pasa nada y un par de noches frías seguidas que dejan manchas en media casa. Que no ocurra a diario no significa que esté resuelto: significa que la combinación solo cruza el límite algunos días.
Las tres palancas, y por qué corregir una sola se queda corto
Todo lo que se puede hacer contra la condensación actúa sobre una de estas tres cosas y sobre ninguna más: el vapor que se genera dentro, el aire que se renueva y la temperatura de las superficies frías. Las tres pesan igual, porque el agua aparece cuando la combinación cruza el umbral, no cuando una de ellas falla por separado.
Eso explica los intentos que fracasan siendo razonables en sí mismos. Quien deja de tender dentro pero mantiene cerrado y sin calefacción el dormitorio más frío. Quien abre las ventanas cada día con disciplina y tiene un baño cuya extracción no llega a mover aire. Quien sube la calefacción del salón y deja el resto de la casa a la temperatura que salga.
La pregunta útil, entonces, no es «qué hago», sino «cuál de las tres tengo peor». Cada una deja señales distintas:
| Palanca | Se reconoce que es la floja cuando |
|---|---|
| Vapor generado | Las manchas siguen el uso de la casa: empeoran los días de colada tendida dentro, con más gente en casa o después de cocinar sin campana |
| Renovación de aire | El vapor tarda en irse aunque la casa se use igual que siempre, los olores de cocina llegan a los dormitorios y duran, y el aire se nota cargado al entrar de la calle |
| Temperatura superficial | La condensación se concentra siempre en los mismos puntos fijos mientras el resto de la casa está seca |
Cuánto vapor produce una casa un día cualquiera
No hace falta ninguna avería para que una vivienda cargue de agua su propio aire. Las fuentes son las de siempre; lo que cambia entre ellas es la cantidad, la velocidad y el sitio.
- Las personas. Respirar y transpirar libera vapor de forma continua, también durmiendo. En una vivienda compacta y con bastante ocupación ese fondo es más alto, y no se puede apagar.
- La ducha. Mucha cantidad en pocos minutos, concentrada en una estancia pequeña y con la puerta cerrada.
- Cocinar. Un hervido o un guiso destapado liberan mucho más vapor que un asado con el horno cerrado.
- Tender la ropa dentro. Toda el agua que sale de la lavadora acaba en el aire de la casa, sin excepción. Lo hace despacio y sin que se vea nada, y en un invierno mediterráneo, templado y húmedo, la ropa tampoco seca deprisa en el balcón, así que entra. Si además se tiende en una habitación cerrada y sin calefacción, las tres palancas juegan en contra a la vez.
- Aportaciones pequeñas y constantes. Fregar el suelo, una secadora sin conducto de evacuación al exterior, muchas plantas juntas, un acuario.
Nada de esto es una lista de cosas que dejar de hacer: ducharse, cocinar y respirar no se negocian. Lo que sí se decide es dónde se libera el vapor y si hay extracción funcionando en ese momento. Retirarlo en el punto donde se produce sale más barato que retirarlo después de toda la casa, y por eso el documento básico HS 3 del Código Técnico pide en la cocina una extracción específica para los humos y vapores de la cocción, aparte de la ventilación general de la vivienda.
El vapor viaja: por eso la mancha sale donde no pasa nada
Este es el punto que menos se ve y el que explica las manchas aparentemente absurdas. El vapor se reparte por todo el aire disponible. Una puerta cerrada lo frena, pero no lo retiene: la humedad de una ducha acaba, en unas horas, repartida por el pasillo y por los dormitorios.
El Código Técnico organiza la vivienda precisamente para canalizar ese movimiento. El aire entra por las estancias secas —dormitorios y salón—, atraviesa la zona de circulación y se extrae de las estancias húmedas, baño y cocina, hacia el exterior. Cuando el recorrido funciona, el vapor sale por donde se ha generado. Cuando se corta, toma la ruta alternativa, que es el resto del piso, y se detiene en la primera superficie lo bastante fría, que puede estar dos habitaciones más allá.
El recorrido se corta por motivos poco espectaculares. Una puerta de baño ajustada al suelo, sin holgura ni rejilla de paso, impide que entre aire de reposición, y un extractor solo puede sacar aire de una estancia si puede entrar por otro lado: es una causa fácil de pasar por alto cuando el extractor parece no hacer nada. Una rejilla tapada con cinta o cubierta de pintura produce el mismo efecto.
En Cataluña hay dos situaciones que añaden dificultad. En baños y habitaciones volcados a un patio de luces, el aire disponible es el del patio, más quieto y a menudo más húmedo que el de la calle, de manera que el mismo gesto de abrir renueva menos. Y cuando la extracción va a parar a un conducto vertical compartido antiguo —un shunt—, el tiro puede no ser el que se espera; ese conducto es un elemento común del edificio, así que una sospecha de obstrucción se plantea a la comunidad y a un técnico, no se resuelve abriendo ni modificando nada por cuenta propia.
Los puntos donde descarga siempre
La condensación no se reparte por la pared: elige el punto más frío. Por eso reaparece una y otra vez en los mismos sitios.
- Los rincones entre dos paredes exteriores. Pierden calor por dos caras a la vez y el aire caliente de la habitación circula peor por ellos.
- La pared exterior detrás de un mueble arrimado. El mueble aísla por el lado equivocado: impide que el calor de la habitación llegue al muro y deja entre la madera y la pared una bolsa de aire quieto y frío. El olor a cerrado suele avisar antes de que haya mancha.
- Las jambas y el dintel del hueco de la ventana. Es donde el muro se estrecha y donde la cara interior se queda más fría que el resto del paramento.
- El interior de los armarios empotrados en pared exterior. Sin circulación de aire y contra un muro frío, el aviso llega antes por la ropa que por la pared.
- Las habitaciones cerradas y sin calefacción. Aquí ocurre lo peor: esa habitación se convierte en el colector de toda la vivienda. El vapor generado en el baño y en la cocina llega hasta ella, encuentra las superficies más frías de la casa y descarga. Funciona como un deshumidificador pasivo que nadie vacía nunca, y por eso salen manchas en un cuarto donde no se hace nada que genere humedad.
Leída al revés, la lista es un diagnóstico. Si las manchas caen justo en esos puntos, el mecanismo es de condensación. Si hay alguna en un sitio que no es especialmente frío, esa mancha pide otra explicación.
Por qué este invierno sí y el anterior no
Una vivienda que llevaba años sin condensar y de pronto condensa no ha cambiado de física: ha cambiado su balance. Y los cambios que lo mueven rara vez parecen tener que ver con la humedad.
- Vive más gente en casa, o se pasan más horas dentro.
- La habitación que antes se calentaba ya no se calienta, o se ha pasado a calentar solo el salón.
- La colada dejó de tenderse fuera y pasó al interior.
- Un suelo nuevo dejó las puertas ajustadas al pavimento y desapareció la holgura por la que pasaba el aire entre estancias.
- Se tapó una rejilla porque entraba frío, ruido u olores.
- La campana de la cocina se sustituyó por una de recirculación con filtro de carbón, que devuelve el aire a la cocina en lugar de evacuarlo al exterior.
- La carpintería se cambió por otra mucho más estanca. Ese caso tiene explicación propia, porque no añade humedad: retira una vía de ventilación que la casa venía usando sin que constara en ningún sitio.
Reconstruir qué cambió el año en que empezaron las manchas suele señalar la palanca antes que ninguna medición.
Cuando la humedad no es condensación
La condensación no es la única causa de humedad en una vivienda, y tratarlas todas igual alarga el daño. Cada mecanismo se comporta de una manera y deja señales distintas.
| Señal | Hacia dónde apunta |
|---|---|
| Una mancha que no llega a secarse nunca, tampoco en agosto, y que crece desde un punto concreto | Filtración de una tubería, de un bajante o del baño de arriba |
| Una franja continua en la parte baja del muro, con el borde horizontal marcado, sales blancas y pintura desprendida | Humedad por capilaridad |
| Manchas que aparecen o crecen solo después de episodios de lluvia o de temporal de mar | Entrada de agua por fachada o cubierta |
| Manchas en rincones y detrás de los muebles que mejoran al ventilar y calentar | Condensación |
El calendario es la pista doméstica más barata. La condensación sigue al frío y al uso de la casa: empeora con la vivienda cerrada, mejora al ventilar y calentar, y prácticamente desaparece en un verano mediterráneo, cuando las superficies interiores ya no están frías. Una filtración sigue su propio ritmo. Una entrada de agua sigue al cielo.
Dicho esto, conviene ser honesto con el límite. Los mecanismos se superponen: una filtración pequeña mantiene húmedo un muro, un muro húmedo conduce peor el calor y se queda más frío, y encima acaba condensando. La forma de la mancha y el calendario orientan, pero no distinguen con fiabilidad un caso real; eso pide una inspección presencial. Insistir en ventilar cuando el problema es una entrada de agua solo deja que el daño avance mientras se prueban hábitos que no actúan sobre él.
Si la humedad continuada ya ha derivado en moho visible, no conviene convivir con él: las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho respaldan relacionar la humedad interior persistente y el moho con síntomas respiratorios. Retirar el moho existente y corregir el aire son dos trabajos distintos, y corregir el aire no garantiza que no vuelva.
Por dónde empezar según la palanca que tengas peor
Con las tres palancas identificadas, el orden deja de ser cuestión de opinión.
Si la floja es el vapor generado, se actúa donde se produce y en el momento en que se produce: extracción en marcha mientras se cocina y mientras dura la ducha, y un rato después; tapar las cazuelas; sacar la ropa tendida de las habitaciones cerradas y frías. Es lo único que puede notarse el mismo día.
Si lo que falla es la renovación, el problema no suele estar en el aparato, sino en el recorrido: la entrada de aire en dormitorios y salón, el paso por debajo de las puertas interiores y una salida que aspire de verdad en el baño y en la cocina. Repasar esos tres tramos ordena el gasto, porque un extractor más potente sobre un recorrido cortado sigue sin mover aire.
Si lo que falla es la temperatura superficial, se entra en otra escala: rincones, jambas, muros mal aislados y estancias que se quedan sin calor. Hay medidas domésticas —separar los muebles de las paredes frías, calentar de forma más continua en lugar de a picos— y hay decisiones que requieren obra y valoración técnica, y que en fachadas o elementos comunes ya no dependen de una sola vivienda.
Esa tercera palanca es la lenta, y tiene una consecuencia de calendario que conviene aprovechar: el síntoma desaparece en verano, justo cuando es más fácil planificar y ejecutar cualquier mejora de las superficies. En diciembre se ve el problema; en julio es cuando se puede tocar sin frío y sin vivir en obras. Anotar durante el invierno qué habitación, qué rincón y en qué condiciones aparece el agua es lo que convierte el verano siguiente en una decisión concreta en lugar de una reforma tomada a ojo.
Fuentes
Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.
- Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
- WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould — World Health Organization
- Guia d’aplicació del DB HS 3 — Qualitat de l’aire interior — Col·legi d’Arquitectes de Catalunya