Aire interior
Humedad relativa en casa: qué significa el número del higrómetro
La humedad relativa no dice cuánta agua hay en el aire: dice cuánta hay respecto a la que ese aire admitiría a su temperatura. Por eso un mismo aire puede marcar 55% en el centro del salón y pasar del 90% pegado a un rincón a doce grados, y por eso una sola lectura, en una sola habitación y un solo día, no te dice casi nada.
En esta página
- Aire exterior y superficies frías
- Aire interior, cálido y húmedo
Qué mide realmente un higrómetro
Dos habitaciones que marcan 65% pueden llevar cantidades de agua completamente distintas. Si una está a 15 grados y la otra a 23, el aire de la segunda esconde bastante más vapor, porque el aire caliente admite mucho más antes de saturarse. El porcentaje no es una cantidad: es una fracción cuyo denominador se mueve con la temperatura.
De ahí que la lectura suba y baje por dos motivos que no tienen nada que ver entre sí. Puede subir porque alguien ha tendido la ropa dentro, y puede subir porque la habitación se ha enfriado, sin que haya entrado un solo gramo de agua. Y al revés: enciendes la calefacción, el número cae, y el agua sigue exactamente donde estaba.
Por eso un aparato que no muestre también la temperatura da la mitad de la información, y por eso conviene apuntar siempre las dos cifras juntas. La cantidad real de vapor —lo que de verdad entra y sale de la vivienda cuando ventilas— es un dato absoluto; el porcentaje es solo la lectura que ese dato produce a una temperatura concreta.
El mismo aire marca 55% en el centro y más del 90% contra la pared fría
Un higrómetro sobre la mesa del salón mide el aire de en medio de la habitación. El problema, cuando lo hay, nunca está ahí: está en la fina capa de aire pegada al punto más frío. Y esa capa, aunque sea exactamente el mismo aire, no marca el mismo porcentaje.
Supón aire de habitación a 20 grados y 55% de humedad relativa. Ese mismo aire, al enfriarse contra distintas superficies, da esto:
| Temperatura de la superficie | Humedad relativa junto a ella | Qué pasa ahí |
|---|---|---|
| 20 °C (el aire de la habitación) | 55% | Nada, la lectura que ves |
| 16 °C | en torno al 71% | Nada visible todavía |
| 14 °C | en torno al 80% | Zona incómoda si se mantiene |
| 12 °C | en torno al 92% | El punto está al límite |
| 11 °C | cerca del 98% | Aparece agua o mancha |
La cuenta no depende de tu vivienda: es la relación física entre temperatura y vapor. Cambia el aire de partida y cambian los umbrales, pero no la forma. Con ese aire de ejemplo, cualquier superficie que baje de unos 10,5 grados condensa; el desarrollo completo de ese umbral —el punto de rocío— tiene su propia página.
Lo útil es la lectura práctica: el porcentaje que ves es el de la habitación, no el del sitio donde se moja. Un dormitorio que da a un patio de luces, la esquina de una fachada expuesta, el hueco detrás de un armario arrimado a un muro exterior o un marco de aluminio sin rotura de puente térmico están todos varios grados por debajo del aire que rodea al higrómetro. Ahí el porcentaje efectivo es mucho más alto que el del aparato, y no hay ninguna manera de deducirlo mirando solo el aparato.
De ahí que la medida realmente informativa sean dos números, no uno: la humedad del aire y la temperatura de la superficie más fría de esa habitación.
Dónde, cuándo y cuántas veces medir
Una lectura suelta es casi siempre la lectura equivocada. Lo que informa es la comparación y la repetición.
Dónde. En la habitación más fría y en la que tiene el problema, no en el pasillo. Vale la pena tener una lectura de referencia en el salón, pero el salón es la estancia menos representativa de la casa: se calienta, se usa y se abre. Coloca el aparato en un tabique interior, lejos del sol directo, de un radiador y de la puerta del baño, y espera un rato antes de creerte la primera cifra.
Cuándo. Cada estancia tiene su momento crítico y no es el mismo:
- El dormitorio, al final de la noche, con la puerta cerrada. Es cuando se acumula el vapor de varias horas de respiración y cuando la habitación está más fría.
- El baño, durante y justo después de la ducha, y otra vez media hora más tarde, para ver si baja o se queda.
- La cocina, mientras hierve algo, con y sin campana encendida.
- El salón a media tarde de un día templado es el momento menos informativo del día.
Cuántas veces. Una semana, con la función de mínimos y máximos activada si el aparato la tiene. Lo que buscas es el máximo nocturno, no la media diaria: una media de 24 horas disuelve precisamente las dos horas en que se produce el daño.
Dos precisiones sobre el instrumento. La primera: los higrómetros domésticos se desajustan, y no es raro que dos puestos uno al lado del otro no coincidan; si vas a usar dos, déjalos juntos un día primero para saber en cuánto difieren, y a partir de ahí compara habitaciones sin obsesionarte con el valor exacto. La segunda: la temperatura de superficie se mide con un termómetro de infrarrojos, apuntando al rincón, al ángulo del techo o al marco, y conviene hacerlo de madrugada o a primera hora, que es cuando esas superficies tocan su mínimo.
Qué sube el número y qué lo baja
Dentro de una vivienda el vapor entra por sitios muy identificables: las personas que respiran y duermen, las duchas, la cocción sin tapar y sin extracción, la ropa tendida dentro, el fregado de suelos, las plantas. No hay que cuantificarlo para trabajar con ello; basta con saber que son actos concretos, con horario, y que cada uno se nota en la lectura de la habitación donde ocurre.
Salidas hay menos, y solo tres cuentan:
- Extraer donde se produce. El Código Técnico organiza precisamente esto: el aire entra por las estancias secas, atraviesa la vivienda y sale por las húmedas, y además pide en la cocina una extracción específica para los humos y vapores de la cocción, aparte de la ventilación general. Retirar el vapor en el punto donde nace es siempre más barato que retirarlo del piso entero.
- Renovar el aire. Sustituir aire cargado por aire de fuera baja la cantidad de agua de la vivienda siempre que el de fuera traiga menos, que es el matiz del que va la sección siguiente.
- Absorción en materiales. Los revestimientos y los textiles amortiguan los picos y luego devuelven ese vapor cuando la habitación se seca. No es una salida, es un aplazamiento.
Y una trampa que conviene reconocer, porque es puramente de medición: calentar baja el porcentaje sin retirar nada. Subes dos grados, el aire admite más vapor, el número cae y la sensación mejora. Pero el agua sigue en la habitación y volverá a aparecer en cuanto la temperatura baje, de madrugada, en el mismo rincón de siempre. La calefacción actúa sobre el denominador; la ventilación, sobre el numerador. Las dos ayudan contra la condensación, pero no hacen lo mismo y no se sustituyen.
Un apunte que cambia lecturas enteras: un extractor solo puede sacar aire de una estancia si puede entrar aire por otro lado. Si el baño extrae con la puerta abierta y deja de hacerlo con la puerta cerrada, el aparato no está averiado; le falta el paso de aire.
En la costa, el aire de fuera no siempre es más seco
Aquí es donde los consejos de clima continental dejan de funcionar. El litoral catalán tiene inviernos suaves y húmedos y veranos cálidos y húmedos, así que la pregunta «¿ventilo o meto más humedad?» tiene respuestas distintas según la estación.
En invierno, casi siempre ventilar seca. Imagina fuera 12 grados con 85% y dentro 20 grados con 60%. La app del móvil marca mucho más fuera, y aun así ese aire exterior lleva menos agua en términos absolutos: cuando entra y se calienta hasta los 20 grados de la casa, ese mismo aire pasa a marcar en torno al 50%. Por eso abrir un rato en una mañana húmeda de enero baja la humedad de la vivienda aunque el número de fuera asuste.
En verano, ventilar refresca más de lo que seca. En una tarde húmeda de agosto en la costa, el aire exterior puede traer tanta agua como el de dentro o más, y abrir de par en par no rebaja la lectura: la sostiene o la sube. De madrugada la temperatura cae y entra aire más fresco, pero el agua que trae es prácticamente la misma; ganas confort térmico, no sequedad.
De ahí la regla de lectura más útil de toda la página: no compares nunca el porcentaje de dentro con el porcentaje de fuera. Están medidos a temperaturas distintas y no son magnitudes comparables. Si quieres saber si abrir te conviene, lo que hay que comparar es qué marcaría el aire exterior una vez dentro y a la temperatura de tu casa.
La cifra ideal que buscas no existe tal como la buscas
Buscar un número objetivo es razonable, y circulan rangos por todas partes. El problema no es que sean disparatados: es que un porcentaje aislado no te deja decidir nada, porque el mismo valor significa cosas opuestas en dos casas distintas.
Un 60% en una habitación bien caliente, con las superficies templadas, no produce agua en ningún sitio. Ese mismo 60% en un piso con aberturas a una sola fachada y un dormitorio cuyo muro exterior queda a 12 grados produce condensación cada noche. La cifra es idéntica; la situación no tiene nada que ver. Tampoco el Código Técnico plantea la cuestión en esos términos: no fija un porcentaje que deba cumplir tu salón, organiza el recorrido del aire por la vivienda.
Lo que sí es accionable:
- La diferencia entre habitaciones la misma noche. Si el dormitorio marca bastante más que el salón, el problema es local y nocturno, no de toda la casa.
- El máximo, no la media. El daño se produce en el pico, y el pico dura poco.
- La tendencia de la semana. Cambia una sola cosa —la puerta del dormitorio entornada, la ropa tendida en otra estancia, la campana encendida un rato más— y mira si el patrón se mueve. Eso vale más que cualquier valor absoluto.
- La pareja número más superficie fría. Es la única forma de saber si estás cerca del límite en el punto que importa.
- Las señales físicas. Un cristal empañado por la mañana, un olor a cerrado al abrir la puerta, una mancha oscura en el ángulo del techo. Aparecen sin pilas y no se desajustan.
Cuando el higrómetro marca bien y el problema sigue ahí
Pasa, y conviene saber interpretarlo en lugar de subir la ventilación a ciegas.
Puede ser un asunto de escala: el sensor está en medio de la habitación y la humedad ocurre en un microclima que él no ve nunca —detrás de un armario pegado a un muro exterior, dentro de un altillo, en el ángulo de un techo que da a un patio de luces—. Ahí la temperatura es más baja y el aire está quieto, así que el porcentaje real de ese punto es otro.
Y puede ser, sencillamente, que no sea condensación. Las filtraciones, la humedad por capilaridad y las entradas de agua de lluvia son mecanismos distintos, con soluciones distintas, y ninguno se corrige ventilando. Una mancha que no se seca nunca, también en semanas secas o en pleno verano, o que aparece solo después de episodios de lluvia o de viento de mar, apunta a otro sitio. Distinguirlos con fiabilidad requiere una inspección presencial, y el higrómetro no participa en esa decisión.
Cuando la humedad persistente ya ha derivado en moho visible, merece la pena no dejarlo correr: las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho respaldan relacionar la humedad interior persistente y el moho con síntomas respiratorios. Retirar el moho existente y corregir el aire son dos trabajos diferentes, y corregir el aire no garantiza que no vuelva.
Es la frontera del instrumento y vale la pena tenerla clara: un higrómetro sirve para comparar estancias, para detectar picos y para saber si algo ha cambiado después de tocar un hábito. No sirve para decidir qué le pasa a una pared.
Fuentes
Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.
- Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
- WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould — World Health Organization
- Guía resumida del clima en España — valores climatológicos normales — Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)