Metodología editorial: cómo se comprueba lo que se publica
Lo que se afirma aquí se apoya en un registro cerrado de fuentes: una cita que no esté en ese registro impide que el sitio llegue a construirse. Las normas se cuentan tan estrechas como las escribe el texto oficial, las cifras que ninguna fuente sostiene no se publican y cada página lleva su fecha de comprobación. No hay revisor con nombre ni consejo editorial, y decirlo es más útil que inventarlo.
De dónde sale cada frase técnica de este portal
Una página de este portal no empieza por el texto: empieza por las fuentes. Primero se fija qué documentos pueden sostener el tema —el código técnico, el reglamento de instalaciones térmicas, la literatura disponible— y después se escribe únicamente lo que esos documentos permiten afirmar.
Cuando una frase resulta útil pero no encuentra respaldo hay dos salidas: rebajarla hasta donde llega la fuente, o quitarla. No hay una tercera, y la diferencia entre un texto informativo y un folleto está justo ahí.
Eso obliga a mantener separadas tres cosas que se mezclan con facilidad:
- cómo se comporta el aire, que es un mecanismo físico y se puede explicar y observar;
- qué exige la norma, que es una afirmación normativa y solo la sostiene un texto oficial;
- qué resultado obtendrá una vivienda concreta, donde casi siempre la respuesta honesta es que depende, y hay que decir de qué.
Las citas salen de un registro cerrado, no de una búsqueda
Las fuentes no se buscan mientras se escribe. Existen antes: forman un registro cerrado en el que cada entrada guarda quién publica el documento, dónde está y una nota sobre qué puede sostener legítimamente y qué no.
Una página no pega un enlace: cita la fuente por su identificador. Si ese identificador no está en el registro, el sitio no se construye y la página no llega a publicarse. La consecuencia práctica importa más que el detalle técnico: aquí una cita inventada no depende de la buena fe de quien escribe, sino que el propio sitio la rechaza.
Cada tema tiene además asignada de antemano su lista de fuentes admisibles, de modo que una página no puede apoyarse de repente en un documento sobre otra cosa porque venga bien para la frase.
Qué puede sostener cada tipo de fuente
No todas las fuentes valen para lo mismo, y confundirlas es la manera más rápida de convertir un catálogo comercial en una supuesta exigencia normativa.
| Tipo de fuente | Ejemplos | Qué puede sostener |
|---|---|---|
| Oficial | Código Técnico de la Edificación (DB-HS3), RITE y sus modificaciones, normativa publicada en el BOE, Generalitat de Catalunya | Qué exige la norma, a quién obliga y con qué condiciones |
| Institucional | Colegio de arquitectos, universidad, medios públicos | Interpretación técnica y divulgación contrastada |
| Investigación | Literatura revisada sobre calidad del aire interior, CO2 o recuperación de calor | Efectos medidos, siempre con el contexto del estudio |
| Industrial | Documentación de fabricantes y del sector | Terminología, tipos de equipo y cómo se llama cada cosa |
Un fabricante puede ser la mejor fuente para saber cómo se denomina una pieza o qué familias de equipos existen en el mercado español. No puede ser la fuente de lo que exige el Código Técnico, aunque su página web lo explique con más claridad que el documento original.
Para lo relacionado con la salud, el techo es la guía de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho: se puede decir lo que esa guía sostiene sobre la relación entre la humedad interior persistente y los síntomas respiratorios, y no se puede ir más allá. Ninguna página diagnostica nada ni sustituye a un profesional sanitario.
Las cifras que este portal no publica
No se publica ningún número que no esté en una fuente del registro. En la práctica eso descarta cuatro tentaciones habituales:
- precios, tarifas o coste estimado de una intervención, porque aquí no se vende ni se valora ningún trabajo;
- estadísticas sobre el parque de viviendas, del tipo de cuántos pisos de Barcelona tienen un determinado defecto o en qué época se construyeron los que lo tienen: ese dato no está medido en ninguna fuente disponible, y un porcentaje inventado se lee exactamente igual que uno real;
- umbrales caseros de humedad o de temperatura presentados como si fueran una regla;
- rendimientos prometidos a una vivienda concreta.
La recuperación de calor muestra cómo se conserva el tipo de evidencia. El estudio de 104 localidades españolas es un modelo que usa eficiencias declaradas por fabricantes del 86 al 91%; el estudio de campo de una rehabilitación observa una efectividad térmica aparente media cercana al 74%. No se mezclan ambos datos en una horquilla universal ni se convierten en el rendimiento prometido para una vivienda concreta.
Una norma se cuenta tan estrecha como la escribe la fuente
Una afirmación normativa se enuncia con el alcance exacto que tiene en el texto original, ni un milímetro más ancha. Parece pedantería y no lo es: ensanchar una norma es la forma más rápida de convertir información en presión comercial.
De ahí salen dos reglas concretas:
- Si el texto impone una condición a las empresas que ejecutan un trabajo —por ejemplo, estar inscritas en el registro que corresponda—, la página cuenta esa condición sobre las empresas. No la transforma en una obligación sobre quien lee, que es una afirmación distinta y más fuerte, y que además empuja hacia un encargo que este portal no tiene ningún motivo para empujar.
- Si la norma fija un umbral —una potencia, un tipo de instalación, un supuesto concreto—, el umbral viaja con ella. Una obligación a la que se le quita el umbral ya es otra norma.
Los textos normativos se modifican con el tiempo. Cuando la versión importa, la página remite a la fuente vigente en lugar de fiar el detalle a un resumen que envejece sin avisar.
Lo que cada página declara sobre sus propios límites
Toda página editorial lleva, además del texto, cuatro bloques visibles: las ideas clave, un apartado de qué no resuelve, un siguiente paso seguro y la fecha de última revisión.
El apartado «Qué no resuelve» es el que más cuesta escribir y el que más dice. Está redactado para incomodar al propio texto: ahí aparece que explicar un mecanismo no permite dictaminar una vivienda concreta, que renovar mejor el aire reduce el riesgo de condensación pero no garantiza que el moho no vuelva, o que una filtración, la capilaridad y la entrada de agua de lluvia son mecanismos distintos que no se separan con fiabilidad sin una inspección presencial.
El «siguiente paso seguro» es siempre algo que puedes mirar, medir o decidir por tu cuenta, incluida la decisión de cuándo conviene pedir una valoración a un profesional competente. Nunca es una acción comercial de este portal, sencillamente porque aquí no se instala, no se diseña, no se legaliza y no se mantiene ninguna instalación.
Aquí no hay un revisor con nombre y apellidos
El responsable de la publicación es Aleksandr Prokofyev, identificado en el aviso legal. Esa responsabilidad editorial no lo presenta como revisor técnico. El portal no tiene un experto técnico identificado, consejo editorial, revisión por pares ni acreditación o certificación de sus textos.
Decirlo tiene una razón práctica. Un nombre, una titulación y una fotografía en la firma son justo lo que resulta más fácil de inventar y más difícil de comprobar desde fuera. Un sello de autoridad que quien lee no puede verificar no le sirve de nada, y este portal prefiere reconocer que no lo tiene antes que fabricarlo.
Lo que sí se puede comprobar está en cada página, en las fuentes con su editor y su enlace. Para juzgar un texto de aquí sin fiarte de quien lo firma hay cuatro gestos que funcionan:
- lee primero «Qué no resuelve» y comprueba después si el texto respeta ese límite;
- abre una fuente y busca si dice lo que la página afirma que dice;
- mira si una afirmación normativa se apoya en un texto oficial o en un documento comercial;
- desconfía de cualquier cifra que aparezca sin decir de dónde sale.
Qué significa la fecha de última revisión
La fecha que aparece bajo el título es la última vez que el texto se comprobó contra sus fuentes. No es la fecha en que se escribió, ni una marca automática que se refresque sola para aparentar actualidad.
Una revisión se dispara por tres motivos: que una fuente cambie o se modifique, que llegue un aviso de error, o que el texto se reescriba porque el tema se entiende mejor que antes. La fecha no se toca por tocarla: si no ha habido una comprobación real detrás, no se actualiza.
Cómo avisar de un error
El canal editorial todavía no está abierto: la dirección se publicará en la página de contacto antes de que el sitio se abra al público, y allí se explica qué tiene sentido escribir y qué no puede resolverse por escrito.
Lo que corresponde a esta página es qué hace comprobable un aviso. Una corrección se puede verificar cuando llega con tres datos: la dirección exacta de la página, la frase que falla copiada tal cual y, si existe, el documento que dice otra cosa. Con eso se va directamente a la fuente; sin eso, muchas veces ni siquiera se localiza la frase.
Los avisos más valiosos son los que atacan el propio método: una norma citada en una versión que ya no está vigente, una cifra sin respaldo que se haya colado, un enlace de fuente que ya no lleva al documento, o una frase ambigua que pueda leerse como una invitación a hacer algo inseguro.
Cuando el aviso tiene razón, el efecto se ve. La frase se corrige o se retira, y la fecha de revisión de esa página cambia con ella. No se publica una nota de corrección en portada ni se anuncia la enmienda en ningún sitio: el texto y su fecha son el registro, y por eso conviene mirarlos.