Aire interior

Calidad del aire interior: qué respiras en casa y qué lo cambia

El aire que respiras en un piso es el aire exterior que entró en algún momento más lo que la casa y quienes viven en ella le han añadido desde entonces: vapor de agua, CO₂, humos de cocción, partículas de la calle y emisiones de materiales y productos. Renovar sustituye esa mezcla; filtrar retiene parte de las partículas y deja el resto intacto. Saber qué se está acumulando decide cuál de las dos cosas necesitas.

Última revisión: Contenido informativo. No sustituye una inspección técnica presencial ni un proyecto firmado por un profesional competente.

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El aire entra por dormitorios y salón, cruza la vivienda y se extrae del baño y de la cocina. Ese recorrido es el que diluye y saca lo que se va acumulando dentro. Dos funciones distintas: el aire de impulsión entra en la vivienda y el aire de extracción sale de ella. Vivienda Aire de impulsión Aire de extracción
El aire entra por dormitorios y salón, cruza la vivienda y se extrae del baño y de la cocina. Ese recorrido es el que diluye y saca lo que se va acumulando dentro.
  • Aire exterior y superficies frías
  • Aire interior, cálido y húmedo

Tu aire es el de fuera más lo que añade la casa

Un piso no fabrica aire. Lo toma prestado del exterior, lo retiene unas horas y mientras tanto le va sumando lo que pasa dentro: el vapor de una ducha, el CO₂ de quien está en el sofá, la grasa y los humos de una cena, el polvo que subió de la calle, lo que emite un mueble recién montado o un limpiador.

De esa frase salen las dos ideas que sostienen el resto de la página.

La primera es que hay un techo. Por bien que ventiles, lo mejor que puede pasarle a tu aire es parecerse al de fuera en ese momento. Ninguna ventana convierte una calle con tráfico denso en aire de montaña.

La segunda es que todo lo que se acumula tiene un origen identificable, y cada origen se retira de una manera. Por eso «tengo mala calidad de aire» no lleva a ninguna parte y «se me acumula vapor porque el baño no extrae» sí. El propio Código Técnico llama a su documento Calidad del aire interior, el DB-HS 3, y su respuesta no es un aparato: es un recorrido de aire que atraviesa la vivienda desde las estancias secas hacia las húmedas.

Inventario de lo que se acumula en un piso cerrado

Qué se acumulaDe dónde saleQué lo retira de verdad
Vapor de aguaDuchas, cocción, ropa tendida dentro, respiraciónExtracción donde se produce, más renovación general
CO₂Las personas que hay dentro y el rato que llevanSolo aire exterior: no hay filtro doméstico que lo retenga
Humos y productos de la combustiónCocinar, en especial con fuego de gasCampana con salida al exterior, encendida antes y después
PartículasCocción, tráfico y obras de la calle, quitar el polvo en secoSacarlas donde se generan; filtrar las que ya están dentro
Emisiones de materiales y productosMuebles y pinturas recientes, disolventes, ambientadores, limpiadoresReducir o retirar la fuente y renovar; con un material nuevo, además, tiempo

La tabla no está ordenada por peligro, sino por comportamiento: cada fila necesita algo distinto, y ahí es donde se decide bien o mal.

El vapor y el CO₂ solo se van con aire. Las partículas admiten dos caminos, sacarlas o retenerlas. Y las emisiones de materiales y productos tienen una salida que las otras no tienen: dejar de producirlas. Ventilar mientras se pinta y unos días después no es lo mismo que pintar con todo cerrado y comprar luego un aparato.

La cocina merece una línea aparte porque es la única estancia donde coinciden a la vez vapor, grasa, partículas y productos de la combustión. Por eso el DB-HS 3 pide allí una extracción específica para los humos y vapores de la cocción, además de la ventilación general de la vivienda: son dos encargos distintos y no se cubren con el mismo caudal.

Renovar diluye; filtrar retiene. No son intercambiables

Es la distinción que más confusión ahorra, y se ve mejor en columnas:

Qué se acumulaRenovar el aireFiltrar el aire
Vapor de aguaLo saca de la viviendaNo lo toca
CO₂Lo saca de la viviendaNo lo toca
Olores y gasesLos diluye y los sacaSolo con filtros específicos, que se agotan
PartículasLas diluye y las saca, si el aire de fuera está limpioLas retiene mientras el filtro esté en condiciones

Renovar trabaja sobre la mezcla entera, sin distinguir. Su límite es doble: depende de cómo esté el aire exterior en ese momento y cuesta energía en los días fríos y en las noches húmedas de verano.

Filtrar hace lo contrario: el aire se queda donde está y solo se le quita lo que el medio filtrante es capaz de atrapar. Un purificador doméstico es exactamente eso, un filtro con un ventilador delante: puede ayudar con partículas en un momento concreto, pero no aporta ni un litro de aire nuevo. Un aire acondicionado doméstico tampoco: aspira el aire de la habitación, lo enfría y lo devuelve; entre la unidad interior y la exterior circula refrigerante, no aire.

Si la vivienda tiene una instalación mecánica, sus filtros no son un accesorio. Un filtro saturado deja de ser un filtro y pasa a ser una resistencia: retiene menos y, sobre todo, hace caer el caudal que atraviesa el equipo. Los sistemas de ventilación, como instalación térmica fija, quedan además dentro del ámbito del RITE, con lo que su mantenimiento tiene un marco propio y no depende de la buena memoria de nadie.

«Aire cargado»: qué se está notando exactamente

La sensación es real y merece ser tomada en serio. Lo que no es, es un diagnóstico. La misma frase describe un dormitorio a las siete de la mañana y un salón después de comer, y la primera medida no coincide.

Detrás de un ambiente cargado suele haber varias cosas a la vez:

  • Vapor acumulado. Aire que ya lleva agua y no seca la piel. Se percibe como bochorno dentro de casa, incluso sin calor.
  • Ocupación. Personas respirando en un volumen cerrado durante horas: el CO₂ sube y con él una sensación de embotamiento y de aire pesado.
  • Olores instalados. Cocina, textiles que no se secan, cubo, arena del gato. Han tenido tiempo de repartirse por toda la vivienda.
  • Aire quieto y templado. Sin movimiento no hay ninguna señal de frescor, aunque la composición del aire sea correcta.
  • Un recorrido cortado. Puerta ajustada sin holgura, rejilla tapada, extractor que gira pero no aspira. El aire no tiene por dónde salir ni por dónde entrar.

La parte incómoda es que tu nariz deja de ayudarte enseguida. El olfato se adapta en minutos: quien vive dentro deja de percibir un olor constante, y quien entra de la calle lo nota nada más cruzar la puerta. No es una diferencia de sensibilidad, es cómo funciona la adaptación olfativa. Por eso conviene provocarla a propósito: salir un rato y volver a entrar sin abrir nada por el camino.

Hay además una asimetría útil. El «huele a cerrado» que se va en cuanto abres cinco minutos habla de aire estancado. El que vuelve al cabo de una hora habla de una fuente que sigue emitiendo, y esa se busca, no se ventila.

El aire de fuera tampoco es aire limpio

Ventilar trae el aire exterior del momento, con lo que ese momento tenga. Una calle con tráfico denso a la hora punta, una temporada de polen o unos días de obras en la finca son razones para elegir cuándo y cómo abrir. No para dejar de hacerlo: una vivienda que renuncia a renovarse acumula todo lo que genera dentro, que es un intercambio peor.

Con eso en la mano, tres decisiones concretas:

  • Si el piso tiene dos orientaciones, ventilar por la fachada más tranquila y a las horas de menos tráfico cambia bastante lo que entra.
  • Con malas condiciones fuera, es preferible abrir mucho y poco rato que dejar una rendija abierta todo el día. Se renueva igual y se está menos tiempo conectado a la calle.
  • Cuando existe una impulsión mecánica, el aire que entra se puede filtrar antes de repartirse. Abrir la ventana no ofrece esa opción.

El patio de luces merece una advertencia propia, porque se le supone aire fresco por ser exterior. Es aire poco movido, húmedo como corresponde al clima costero, y con las extracciones y el humo de otras viviendas dando al mismo pozo. Un dormitorio o un baño volcados a un patio interior renuevan menos con el mismo gesto que una habitación a fachada, y eso explica que abrir lo mismo durante el mismo rato dé resultados distintos en dos pisos de la misma finca.

Primero la fuente, después el caudal, y solo entonces el filtro

Casi todas las decisiones caras se toman al revés. El orden que funciona va de lo que no cuesta nada a lo que sí:

  1. Quitar o reducir la fuente. Tapar las ollas, no secar ropa en una habitación cerrada, no encender un ambientador para tapar un olor que tiene origen, airear mientras se pinta o se monta mobiliario nuevo.
  2. Capturar donde se produce. La campana sobre el fuego y el extractor del baño durante la ducha y un rato después retiran vapor, grasa y humos en el punto de origen, antes de que se repartan por el piso.
  3. Diluir con la renovación general. Aire que entra por dormitorios y salón, atraviesa la vivienda y sale por las estancias húmedas. Es lo que sostiene el fondo, no los picos.
  4. Filtrar lo que quede. Tiene sentido para partículas, y solo después de los tres pasos anteriores.

Saltarse los tres primeros y empezar por el cuarto es comprar un aparato para pelearse con una fuente que sigue funcionando. Y hay un caso en el que ni siquiera el orden completo basta: si hay humedad persistente y moho visible, ninguna dilución retira una fuente que crece sobre una superficie. Las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho respaldan relacionar la humedad interior persistente y el moho con síntomas respiratorios; retirar lo que ya ha crecido y corregir el aire son dos trabajos distintos, y corregir el aire no garantiza que no vuelva.

Lo que puedes juzgar tú y lo que solo se sabe midiendo

Un residente tiene mejores instrumentos de los que cree para unas cosas y ninguno para otras.

Se puede observar sin aparatos:

  • la primera impresión al entrar de la calle, habitación por habitación;
  • agua en los cristales, manchas, toallas o textiles que tardan días en secarse, todo ello señal visible de vapor acumulado;
  • si una rejilla aspira: un trozo de papel de cocina acercado a la reja se queda pegado o no se mueve;
  • si hay holgura o rejilla bajo las puertas interiores y si cada estancia seca tiene por dónde entrar aire;
  • si la sensación tiene horario, y si se mueve al cambiar una sola costumbre durante unos días.

No se puede juzgar sin instrumentos:

  • la carga de ocupación, que se lee con un medidor de CO₂ y no con la nariz, porque el CO₂ no huele;
  • la humedad real de una estancia, que pide un higrómetro y una lectura sostenida en el tiempo;
  • las partículas finas y buena parte de las emisiones gaseosas: no hay percepción doméstica fiable, y el olfato se adapta;
  • el caudal que mueve de verdad una instalación, que se mide con equipo específico. Un ventilador que gira no es un ventilador que extrae.

Tres pisos con la misma queja y tres primeras medidas distintas

Una sola fachada, dormitorio y baño al patio de luces. El aire que entra por el salón tiene que cruzar el pasillo entero para llegar a la extracción, y la queja aparece por la mañana y solo en el dormitorio. Lo primero no es la ventana: es el recorrido interior, la puerta que se queda cerrada toda la noche y la holgura por la que ese aire tendría que pasar.

Piso reformado con carpintería nueva y muy estanca. La sensación empezó justo después de la obra. Las ventanas antiguas dejaban pasar aire sin que nadie lo decidiera, y ese aire sostenía en silencio una parte de la renovación. Al quitarlo no se ha creado un problema nuevo: ha quedado a la vista una ventilación prevista que no estaba dando el servicio. Lo primero es inventariar entradas de aire en las estancias secas y comprobar si el baño y la cocina extraen.

Vivienda pequeña con ocupación alta y cocina abierta al salón. Todo lo que se genera cocinando sale directamente al espacio donde vive todo el mundo, sin puerta que lo contenga. Aquí la captura en el punto de origen deja de ser un detalle: la campana, su caudal y por dónde acaba saliendo determinan el aire de la casa entera durante horas.

Tres viviendas, la misma frase, tres puntos de partida que no se parecen. Por eso «aire cargado» no cierra nada: abre la comprobación.

Fuentes

Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.

  1. Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
  2. WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould — World Health Organization
  3. Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RD 1027/2007, texto consolidado) — Boletín Oficial del Estado
  4. Guia d’aplicació del DB HS 3 — Qualitat de l’aire interior — Col·legi d’Arquitectes de Catalunya