Calor y clima mediterráneo

Ventilar la casa en verano: a qué hora abrir y a qué hora no

En verano, cuando el aire de la calle está más caliente o contiene más agua que el interior, abrir añade esa carga a la vivienda. Hay que separar dos gestos. Refrescar funciona en las horas en que fuera hay menos grados que dentro. Renovar el aire tiene que seguir ocurriendo cada día, aunque sea poco rato y apriete el calor.

Última revisión: Contenido informativo. No sustituye una inspección técnica presencial ni un proyecto firmado por un profesional competente.

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En verano cambia la hora a la que conviene abrir, pero no el recorrido: el aire entra por las estancias secas, atraviesa la vivienda y sale por el baño y la cocina. Recorrido del aire: entra por las estancias secas, atraviesa la vivienda y sale por las húmedas. Estancias secas Dormitorio Salón Pasillo Estancias húmedas Baño Cocina Aire exterior Paso bajo la puerta Extracción
En verano cambia la hora a la que conviene abrir, pero no el recorrido: el aire entra por las estancias secas, atraviesa la vivienda y sale por el baño y la cocina.
  • Aire exterior y superficies frías
  • Aire interior, cálido y húmedo

Lo que entra por la ventana a mediodía no es aire fresco

El reflejo es siempre el mismo: hace calor dentro, se abre. En invierno ese gesto acierta siempre, porque el aire de la calle está más frío y más limpio que el de dentro. En agosto solo acierta la mitad.

Una vivienda tiene inercia. Los muros, los forjados y los pavimentos han acumulado o cedido calor durante horas, y eso hace que la temperatura interior vaya por detrás de la exterior en lugar de seguirla. Un piso que ha purgado de noche y ha pasado la mañana cerrado llega a mediodía por debajo de la acera. Abrir en ese momento no saca calor: lo mete, y en el litoral mete además agua.

De ahí sale la única regla que hay que interiorizar en junio: antes de abrir, la pregunta no es qué temperatura hace, sino qué hay al otro lado comparado con lo que hay aquí dentro.

Refrescar y renovar dejan de ser el mismo gesto

Son dos trabajos distintos y en verano se separan, porque el material con el que renuevas —el aire de la calle— ha dejado de estar frío.

Qué persiguesDe qué dependeCómo es la apertura
Refrescar: sacar calor de la casaDe que fuera haya menos grados que dentroLarga y continua, dentro de la franja fresca
Renovar: cambiar el aireDe cuánta gente hay, de cocinar, ducharse y limpiarLo necesario, reduciendo la carga térmica con el horario cuando sea posible

La consecuencia práctica es que cada ventana abierta se puede justificar con una frase. Si está abierta para renovar, el tiempo depende de la ocupación, de las fuentes interiores y del recorrido; cuando sea posible, se elige una hora que reduzca la carga de calor y humedad. Si está abierta para refrescar, solo compensa mientras fuera haya menos grados.

Confundirlas lleva a las dos situaciones opuestas del verano: casas frescas con el aire viciado, y casas bien aireadas en las que no hay quien esté.

Las dos curvas se cruzan dos veces al día

Por la mañana, la temperatura exterior sube deprisa; la interior sube despacio, porque la estructura tiene que recalentarse antes de ceder calor al aire. Llega un momento en que se cruzan. A partir de ahí, cada hueco abierto deja de ser una salida de calor y pasa a ser una entrada.

Por la tarde ocurre lo contrario, y ahí está la trampa. Cuando se pone el sol, la calle baja enseguida, pero la casa se mantiene alta porque el edificio va soltando todo lo que ha almacenado. Abrir a primera hora de la noche parece el momento natural y muchas veces todavía importa calor. La oportunidad buena llega más tarde, cuando el descenso exterior ya es claro y sostenido.

Ese cruce no es una hora de reloj que se pueda copiar. Se mueve con la orientación de los huecos, la planta, la masa del edificio, la sombra que hayas conseguido hacer durante el día y cómo sea la jornada concreta. En un clima mediterráneo costero, con veranos calurosos y húmedos como los que recogen los valores climatológicos normales de la AEMET, se mueve además de una semana a otra. Por eso los horarios pensados para climas continentales, donde la noche refresca de forma fiable, aquí no encajan.

El número de la app no es el de tu fachada

La temperatura que da el móvil viene de una estación meteorológica, medida a la sombra y a cierta altura sobre hierba o terreno abierto. Tu balcón a las ocho de la tarde puede estar bastante por encima de esa cifra si da a poniente, si tiene asfalto debajo o si la pared lleva todo el día radiando.

Y la otra mitad de la comparación tampoco está en la app: la temperatura de tu salón no la sabe nadie más que tú. Un termómetro barato colgado fuera a la sombra y otro dentro, lejos del cristal y de la cocina, resuelven en tres o cuatro días lo que ninguna previsión puede decirte.

Vale la pena hacerlo porque la piel engaña. Notamos la humedad y el movimiento del aire tanto como la temperatura, y en la costa un anochecer bochornoso puede parecer fresco cuando todavía no lo es.

La purga nocturna enfría el edificio, no el aire

El aire de una habitación se cambia en pocos minutos. Si el objetivo fuese solo ese, la purga nocturna no haría falta. Lo que hay que enfriar de noche es la masa: muros, forjados, tabiques, pavimentos y hasta los muebles. Esa masa es la que irá calentando el aire de casa durante todo el día siguiente, y bajarle la temperatura pide horas de flujo sostenido, no una apertura de diez minutos.

Ahí está la diferencia con una renovación. La renovación es un pulso corto: se abre de par en par, se cambia el volumen de aire y se cierra. La purga es lo contrario: se abre cuando las curvas se cruzan y se deja pasar aire hasta poco después de salir el sol.

Y necesita recorrido. Una sola ventana abierta con el resto de la casa cerrada intercambia muy poco, porque el aire tiene que poder entrar por un punto y salir por otro; los materiales de la Universidad de Barcelona sobre ventilación y climatización natural insisten justamente en esto, en que la travesía entre huecos opuestos es lo que mueve volúmenes grandes sin ningún equipo. Las puertas interiores forman parte del circuito tanto como las ventanas.

Lo que corta ese recorrido en un piso de Barcelona suele ser identificable:

  • Huecos en una sola fachada. No hay travesía entre fachadas: el movimiento es más variable y llega menos al fondo de la planta. Conviene abrir los huecos de ese frente y dejar que el baño y la cocina ayuden extrayendo.
  • Estancias que dan a patio de luces. El movimiento depende de la geometría, el viento y la diferencia de temperatura. Puede formar parte del recorrido, sin dar por hecho que basta como única apertura.
  • Ático o planta bajo cubierta. La cubierta sigue radiando calor un buen rato después de anochecer, así que la purga es más necesaria y más lenta: hay que alargarla todo lo que se pueda.
  • Planta baja y entresuelo. La seguridad condiciona abrir de noche. La salida realista es concentrar la purga a primera hora de la mañana, con alguien en casa.

En la costa, el aire de la noche viene con agua

Por la ventana no entra solo temperatura. En un verano mediterráneo litoral el aire nocturno llega cargado de humedad, y eso tiene dos consecuencias que conviene no mezclar.

La primera es que ventilar no garantiza secar. Si lo que quieres es bajar la humedad de casa, abrir cuando el aire exterior lleva más agua que el interior hace exactamente lo contrario. Cuidado con leer el higrómetro sin más: el porcentaje de humedad relativa sube de noche aunque la cantidad de agua del aire no haya cambiado, simplemente porque el aire se ha enfriado. Lo que decide si estás importando agua es la cantidad, no el porcentaje, y por eso una lectura exterior alta de madrugada no es por sí sola un motivo para renunciar a la purga.

La segunda es lo que ocurre cuando ese aire cálido y húmedo se encuentra una superficie fría. En una estancia que ha quedado fresca —un bajo de muros gruesos, una habitación que ha tenido el aire acondicionado en marcha— puede aparecer agua sobre el pavimento, sobre tuberías de agua fría o en la pared del fondo de un armario. La condensación de verano existe y suele salir donde nadie la busca.

De ahí una regla corta: ventilar sirve para renovar y, cuando fuera está más fresco, para refrescar. Si el objetivo es secar, hay que comparar el contenido de agua exterior e interior. Y si hay que tender ropa, evita una habitación cerrada: mejor la galería, el exterior o, si no hay alternativa, una estancia con la extracción funcionando.

Ola de calor: sombra por fuera, casa cerrada y paciencia por la noche

Durante un episodio de calor la vivienda cambia de régimen. De día se defiende; de noche recupera lo que pueda.

Parar el sol antes de que llegue al cristal. Es, con diferencia, lo que más pesa. Una persiana exterior, un porticón, un toldo o una celosía interceptan la radiación fuera; una cortina interior recibe el calor ya dentro y lo vuelve a radiar hacia la habitación. Instalar algo nuevo por fuera afecta a la fachada del edificio, así que no es una decisión que se tome desde el alféizar ni una faena para improvisar asomándose.

Cerrar mientras fuera haya más grados. Ventanas y persianas bajadas en las horas centrales, con la casa convertida en una nevera lenta que va soltando el fresco de la noche anterior.

Aislar de día las estancias que se calientan. La habitación que recibe el sol de tarde, o la que queda justo bajo cubierta, calienta al resto si se deja abierta. De día, su puerta cerrada limita la propagación. De noche, al revés: todas las puertas abiertas, porque la purga necesita el recorrido entero.

No perseguir el aire caliente con un ventilador. Un ventilador no baja la temperatura de la habitación; mejora la sensación de quien está dentro moviendo aire sobre la piel. Encendido en un cuarto vacío no enfría nada. Donde sí rinde es colocado en un hueco durante la purga, empujando aire hacia fuera.

Abrir solo cuando la bajada sea real. En una ola de calor el cruce de las curvas llega más tarde que en un verano normal, y hay noches en el litoral en que casi no llega. Abrir por impaciencia deshace en media hora el trabajo de todo el día.

Con la casa cerrada, la renovación no se puede parar

Un piso cerrado de día sigue produciendo vapor de la cocina y de las duchas, olores, y todo lo que sueltan las personas y los productos de limpieza. El calor no detiene nada de eso; si acaso lo acentúa.

Por eso el Código Técnico no confía la renovación del aire a la estación ni a que alguien se acuerde de abrir. Lo que plantea el DB-HS3 es un recorrido permanente: el aire entra por las estancias secas —dormitorios y salón—, atraviesa la zona de circulación y se extrae del baño y de la cocina hacia el exterior. Ese recorrido es el que trabaja en las horas en que la casa tiene que estar cerrada. Para las cocinas, el mismo documento pide además una extracción específica para los humos y vapores de la cocción, aparte de la ventilación general de la vivienda.

Dos cosas lo rompen con facilidad justo en verano. Una es tapar rejillas o aireadores para frenar el calor, el ruido o los mosquitos: si el recorrido ya solo dependía de esas aberturas, taparlas lo deja sin entrada. La otra es la puerta bien ajustada, porque un extractor solo puede sacar aire de una estancia si puede entrar por algún sitio; una puerta de baño sin holgura por debajo ni rejilla de paso es una causa fácil de pasar por alto cuando parece que no hace nada.

Y un malentendido que en verano se multiplica: un aire acondicionado doméstico recircula el aire que ya está en la habitación. Entre la unidad interior y la exterior circula refrigerante, no aire. Tenerlo funcionando muchas horas deja el piso fresco, pero no es renovar.

Cuando la noche no baja: mira el calor que generas dentro

Hay rachas de verano en el litoral en las que la noche llega templada y húmeda y la purga apenas da nada. No significa que no se pueda hacer nada: significa que la palanca se desplaza de la hora a la que abres hacia el calor que produces tú.

  • La cocina. El horno y los fuegos a media tarde son una fuente importante de calor y de vapor a la vez. Cocinar pronto, cocinar rápido y tener la campana en marcha cambia bastante la tarde.
  • Lavadora, lavavajillas y secadora. Trabajan mejor en las horas frescas. Una secadora que evacúa dentro de la vivienda añade calor y agua al mismo tiempo, que es lo peor que se puede pedir en agosto.
  • Las duchas largas. Suman vapor y calor en la estancia peor ventilada de la casa. La extracción tiene que estar funcionando durante y un rato después.
  • Guardar el fresco conseguido. Un piso que ha quedado por debajo de la temperatura de la calle no se airea «un ratito» a mediodía sin pagarlo.
  • Concentrar la purga en la última franja antes de que salga el sol, que suele ser el momento más fresco de todo el ciclo aunque sea corto.

Conviene saber en qué terreno se juega. Si la casa se enfría de noche y vuelve a calentarse deprisa por la mañana, el margen está en el horario y en la sombra. Si no llega a enfriarse por mucho que abras, el margen ya no está en las ventanas: está en cuánto sol entra de día y en cuánto de ese calor se queda dentro. Distinguir las dos situaciones en julio evita repetir en agosto un ensayo que no puede salir bien.

Fuentes

Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.

  1. Com ventilar bé una casa: guia bàsica de criteris i recomanacions — 3Cat (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals)
  2. Guía resumida del clima en España — valores climatológicos normales — Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
  3. Ventilació i climatització natural — Universitat de Barcelona — OSSMA
  4. Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación