Invierno en Cataluña

Ventilar en invierno: poco rato, del todo y en el momento justo

Abre del todo y poco rato, mejor en dos puntos alejados y con las puertas interiores abiertas, y hazlo justo después de la ducha, de cocinar y al levantarte. En la costa catalana el aire de fuera llega templado y húmedo, así que cada minuto de ventana abierta cambia menos aire y se lleva menos vapor que en un invierno continental: la pauta hay que alargarla un poco y repartirla, no suprimirla.

Última revisión: Contenido informativo. No sustituye una inspección técnica presencial ni un proyecto firmado por un profesional competente.

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El recorrido que hay que mantener también en invierno: el aire entra por dormitorios y salón, cruza la vivienda y sale por baño y cocina. Con las puertas interiores cerradas, abrir una ventana no ventila la casa: enfría una habitación. Recorrido del aire: entra por las estancias secas, atraviesa la vivienda y sale por las húmedas. Estancias secas Dormitorio Salón Pasillo Estancias húmedas Baño Cocina Aire exterior Paso bajo la puerta Extracción
El recorrido que hay que mantener también en invierno: el aire entra por dormitorios y salón, cruza la vivienda y sale por baño y cocina. Con las puertas interiores cerradas, abrir una ventana no ventila la casa: enfría una habitación.
  • Aire exterior y superficies frías
  • Aire interior, cálido y húmedo

Cuánto rato hay que abrir en realidad

No existe un número que valga para toda la costa catalana, y el reloj es el peor instrumento para decidirlo. Lo que hay que sustituir es el volumen de aire de la vivienda, y la velocidad a la que eso ocurre depende de cosas que cambian cada día: cuántos huecos hay abiertos a la vez, si están en orientaciones distintas, si las puertas interiores dejan pasar el aire y cuánta diferencia de temperatura hay entre la calle y el salón.

Con travesía —dos huecos alejados y las puertas abiertas— el aire se cambia deprisa aunque fuera esté templado. Con una sola ventana, en un día en calma y con la puerta de la habitación cerrada, el mismo gesto puede tardar varias veces más y quedarse en un intercambio local, alrededor del hueco.

De ahí sale la única regla que funciona sin aparatos: no cuentes minutos, comprueba qué se ha enfriado. Mientras el frío lo notes en la piel, vas bien, porque eso es el aire, y el aire se vuelve a calentar en cuanto cierras. Cuando pongas la mano en el sofá, en el suelo o en la cara interior de la pared y también estén fríos, has pasado de largo: eso ya es la casa, y eso tarda horas en recuperarse.

Un invierno templado y húmedo no funciona como uno frío y seco

La costa mediterránea tiene inviernos suaves y húmedos y veranos calurosos y húmedos, y eso desmonta dos supuestos del consejo importado de climas continentales. El primero: el intercambio de aire lo empuja la diferencia de temperatura entre dentro y fuera, así que cuanto más se parecen, más despacio va todo. El segundo: el aire que entra no llega seco, de modo que cada volumen renovado se lleva menos vapor del que se llevaría en un enero de meseta.

Aquí aparece la objeción de peso, y tiene parte de razón. Si el higrómetro de la calle marca más que el del salón, ¿para qué abrir? Porque la humedad relativa se mide siempre contra la temperatura del aire que la transporta. Ese aire exterior, templado y casi saturado, lleva menos agua en términos absolutos que el aire caliente de una casa habitada; al entrar y calentarse, su humedad relativa baja y recupera capacidad para admitir vapor. Por eso abrir sigue secando aunque el dato de fuera parezca decir lo contrario.

Lo que cambia es la magnitud. La niebla o la lluvia no permiten decidirla mirando solo la humedad relativa: un aire exterior fresco puede seguir conteniendo menos vapor que el de casa. Abrir siempre renueva CO₂ y olores, y secará más o menos según la diferencia real de humedad absoluta. Cuando esa diferencia es pequeña, cuenta todavía más retirar el vapor donde se produce con la campana y el extractor, en vez de fiarlo todo a la ventana.

Y una precisión de mapa: todo esto describe el litoral. En el interior de Cataluña o en el Pirineo el invierno es más frío y el aire de fuera más seco, y allí la pauta de aperturas muy cortas encaja tal como se cuenta.

La rendija abierta toda la mañana sale cara dos veces

En invierno lo caro no es el aire caliente que se escapa. El aire tiene muy poca inercia: guarda poco calor y se recalienta enseguida. Lo caro es enfriar la materia —el muro, el pavimento, el yeso, los muebles—, porque eso tarda horas en recuperarse y es justo lo que decide si más tarde se forma agua.

Cómo abresQué pasa con el aireQué pasa con el calor
Dos huecos alejados, de par en par, puertas interiores abiertasSe sustituye entero en poco ratoSe pierde el aire, no la casa: paredes y muebles siguen templados
Una sola ventana de par en parSe cambia, pero despacio si no hay vientoAsumible si no se alarga de más
Oscilobatiente toda la mañanaRenueva poco y sin recorridoEnfría de forma continua el hueco y la pared que lo rodea
Ventana entreabierta toda la nocheAlgo renueva, sin controlEnfría precisamente en las horas más frías

La posición oscilobatiente no es un error en sí misma: es una posición de lluvia y de seguridad. Lo que no es, es una forma de ventilar en invierno. Mantenida durante horas junta lo peor de las dos cosas, poca renovación y mucho enfriamiento localizado, y lo aplica sobre el trozo de vivienda que ya estaba más frío. En un invierno suave, donde el umbral se cruza por poco margen, ese enfriamiento basta para decidir en qué pared aparece la primera mancha.

¿Hay que apagar la calefacción para abrir?

Para una apertura corta, da bastante igual. El sistema no va a compensar nada en ese rato, y apagar y volver a encender radiadores cada vez acaba en que nadie ventila. Si hay válvulas termostáticas, bajarlas mientras la ventana está abierta es un gesto razonable. Si el calor viene de una bomba de calor por aire, sí conviene pararla: no tiene sentido que el equipo pelee contra una ventana abierta.

Lo que sale mal es la combinación contraria: calefacción puesta todo el día y una ventana en oscilobatiente permanente en alguna habitación. Ahí se paga calor de forma continua a cambio de muy poca renovación, y es una situación que puede durar meses sin que nadie la revise.

Por debajo de todo esto hay una decisión que pesa más que encender o apagar: cómo se reparte el calor. En términos de humedad, calentar de forma moderada en toda la vivienda da menos problemas que calentar mucho el salón y dejar el resto a lo que caiga. Los grados concentrados en una estancia no protegen a las demás; solo hacen que el vapor que genera la casa entera vaya a descargar allí donde las superficies están más frías.

Las superficies van con retraso respecto al termómetro

El aire de una habitación se enfría y se calienta en minutos. Un muro no. Por masa, un cerramiento sigue más la media de los últimos días que la temperatura de esta mañana. Después de una racha fría seguida, las paredes están más frías de lo que sugiere el termómetro del día, y por eso los episodios de humedad no se reparten por igual a lo largo del invierno: llegan a rachas, con retraso respecto al frío que los provocó.

De ahí sale la peor combinación de la estación: una habitación que esté a la vez cerrada y sin calefactar. El cuarto de invitados, el despacho que no se usa, el dormitorio del fondo que da al patio de luces. Aunque allí dentro no se cocine, no se duche ni duerma nadie, el vapor del resto de la casa llega —las puertas cerradas lo frenan, no lo retienen— y se encuentra con las superficies más frías de la vivienda. Cerrar esa habitación para ahorrar hace justo lo contrario de lo que se busca: necesita algo de calor de forma continuada y su ración de apertura, aunque sea corta.

Un día de enero sin cambiarte la vida

La pauta no consiste en abrir más veces, sino en abrir cuando el aire lleva algo que quitar.

  • Al levantarte. El aire del dormitorio es el más cargado del día y el cristal, el más frío. Abre la ventana y también la puerta, y haz la cama después, no antes, para que el colchón y la ropa suelten la humedad de la noche.
  • Durante y después de la ducha. Mucho vapor en pocos minutos y en una estancia pequeña. Extractor o ventana desde el principio y un buen rato después de salir; la puerta, cerrada hacia el resto de la casa pero con holgura por debajo, porque un extractor solo saca aire si puede entrar por otro sitio.
  • Mientras cocinas. Hervir y cocer al vapor cargan el aire muy deprisa. Campana encendida antes de poner el fuego y un rato después de apagarlo, y tapas en las ollas. El documento básico HS 3 pide en la cocina una extracción específica para los humos y vapores de cocción, aparte de la ventilación general de la vivienda: en invierno es la que evita que el vapor de un hervido acabe repartido por toda la casa.
  • Si tiendes dentro. Toda el agua de la colada termina en el aire de la habitación. Nunca en un cuarto cerrado y frío, y mejor con extracción funcionando o con la ventana abierta a ratos.
  • Al anochecer, antes de la parte más fría de la noche. Es la apertura que más rinde: entrar en la noche con el aire ya renovado significa que las horas en que las superficies tocan su mínimo te encuentran con menos vapor dentro. También es la más fácil de saltarse, porque a esa hora ya se está en casa y con la calefacción puesta.

Al revés no funciona. Dejar una ventana entreabierta toda la noche para compensar lo que no se hizo antes enfría el hueco justo durante las horas en que menos interesa, y encima renueva poco.

El recorrido de fondo es el que describe el documento básico HS 3 del Código Técnico: el aire entra por las estancias secas —dormitorios y salón—, cruza la vivienda y se extrae del baño y de la cocina hacia el exterior. En invierno ese recorrido no desaparece; simplemente hay que hacerlo en tramos cortos y con las puertas interiores abiertas para que exista.

Cómo se fabrica una mancha entre noviembre y febrero

La secuencia tiene casi siempre la misma forma, y ninguno de los pasos es absurdo por separado.

En noviembre llega el primer frío de verdad y se deja de abrir por la mañana, porque cuesta y porque la casa está recién caliente.

En diciembre se tapa el airejador de la carpintería o la rejilla de una habitación, porque por ahí entraba corriente. Se cierra el cuarto que no se usa y se apaga su radiador. La colada, que ya no se seca en el balcón, pasa a tenderse dentro.

En enero no se ve nada. Las semanas frías se acumulan, las superficies van bajando de temperatura y el vapor se reparte por una vivienda que ha dejado de renovarse.

En febrero aparece el olor a cerrado al abrir el armario, y detrás del cabecero o en el rincón del techo del baño hay manchas oscuras.

Ninguno de los primeros pasos da señal la misma semana en que se toma, y ese es todo el problema: el efecto no llega hasta que la materia se ha enfriado lo suficiente y el vapor se ha ido acumulando. Por eso la corrección también tarda y no se nota al día siguiente.

Dos advertencias sobre el final de esta secuencia. Retirar el moho ya formado y corregir el aire son dos trabajos distintos: ventilar mejor reduce el riesgo, pero no retira lo que ya ha salido ni garantiza que no vuelva. Y si las manchas no se secan nunca —tampoco en verano— o suben desde el rodapié hacia arriba, el mecanismo puede no ser condensación: las filtraciones y la humedad por capilaridad no se distinguen de forma fiable sin una inspección presencial.

Si en tu casa no se puede abrir así

Todo lo anterior da por hechas dos cosas que no siempre están: huecos en dos fachadas y alguien en casa a media mañana. Sin eso, se corrige por otro lado.

  • Aberturas en una sola fachada. No hay travesía real, pero sigue habiendo recorrido: abre los dos puntos más alejados de esa misma fachada y, sobre todo, todas las puertas interiores. La renovación irá más lenta, así que alarga el rato en lugar de acortarlo.
  • Baño o habitación que da a un patio de luces. El aire del patio está más quieto y suele ser más húmedo que el de la calle, de modo que abrir ahí renueva menos. En esas estancias conviene apoyarse en la extracción antes que en la ventana, y no tender ropa nunca. Si la extracción va a un conducto vertical del edificio y no tira pese a tener el paso de aire libre, eso es un elemento común: cuestión de la comunidad y de un técnico, no algo que se abra o se modifique por cuenta propia.
  • Casa vacía entre la mañana y la noche. Concentra las dos aperturas fuertes al levantarte y al volver, y no compenses la ausencia tapando las entradas permanentes de aire: son justamente lo que mantiene algo de renovación cuando no hay nadie para abrir nada.

Y si el invierno ya ha avanzado y las manchas han salido, hay un orden que importa: recuperar terreno es más lento que perderlo. Una habitación que ha pasado semanas cerrada y fría arrastra humedad acumulada en los paramentos y en los textiles, y abrirla de par en par durante horas la enfría todavía más y alarga el problema. Funciona mejor al revés: primero devolverle algo de calor de forma continuada, separar los muebles de la pared fría y vaciar o airear el armario, y cuando sus superficies ya no sean las más frías de la casa, retomar allí las aperturas cortas igual que en el resto de la vivienda.

Fuentes

Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.

  1. Com ventilar bé una casa: guia bàsica de criteris i recomanacions — 3Cat (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals)
  2. Guía resumida del clima en España — valores climatológicos normales — Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
  3. Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
  4. Ventilació i climatització natural — Universitat de Barcelona — OSSMA