Vivienda cerrada en la costa

Segunda residencia en la costa: cerrar la casa y volver a abrirla

Cerrar una casa retira de golpe casi todo el vapor que se genera dentro, y aun así suele aparecer peor en marzo que en octubre. Sin nadie que ventile ni que caliente, las superficies pasan el invierno frías, y el intercambio lento con el aire exterior húmedo basta para ir cargando armarios, colchones y rincones. El cierre y la vuelta tienen reglas propias, distintas de las de una casa habitada.

Última revisión: Contenido informativo. No sustituye una inspección técnica presencial ni un proyecto firmado por un profesional competente.

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Segunda residencia de costa preparada para quedar cerrada una temporada.
En una casa cerrada y sin calefacción casi todo es superficie fría: el aire húmedo que va entrando descarga dentro de los armarios, detrás de los muebles y en el suelo de la planta baja. La condensación aparece cuando el aire interior húmedo toca una superficie suficientemente fría. Aire interior cálido y húmedo Superficie fría Cristal o pared fría Punto de rocío Agua líquida
En una casa cerrada y sin calefacción casi todo es superficie fría: el aire húmedo que va entrando descarga dentro de los armarios, detrás de los muebles y en el suelo de la planta baja.
  • Aire exterior y superficies frías
  • Aire interior, cálido y húmedo

Lo que desaparece al cerrar y lo que se queda dentro

Cerrar la casa retira casi toda el agua que entraba en el aire: nadie se ducha, nadie hierve nada, nadie tiende. Y retira, sin que se note, las dos cosas que la sacaban: nadie abre las ventanas y nadie enciende la calefacción. La vivienda deja de fabricar humedad y deja de tener salida para ella, las dos a la vez.

Lo que sigue funcionando es el intercambio lento con el exterior. Por juntas, rejillas y conductos entra y sale aire todo el invierno, en cantidades pequeñas y sin que nadie lo dirija. En la costa catalana ese aire de fuera es húmedo buena parte del año —inviernos suaves y húmedos, veranos calurosos y húmedos—, así que el goteo resulta lo bastante constante como para mantener la casa cargada y demasiado débil como para barrer ningún rincón.

Y está lo que hay dentro, que en una vivienda usada pasa desapercibido: colchones, sofás, ropa guardada, madera, libros, cartón. Todo eso absorbe humedad cuando el aire va cargado y la devuelve cuando baja, como una esponja sin desagüe. En una casa habitada el vaivén se resuelve solo, porque cada mañana alguien abre y una parte del agua se marcha. Cerrada, el agua entra en el ciclo y ya no sale de la vivienda: solo cambia de sitio.

Lo que decide dónde aparece el moho, entonces, no es la media de la casa, sino los puntos donde el aire no se mueve nada: el interior de un armario contra el muro de fachada, una habitación con la puerta cerrada, el hueco entre el sofá y la pared. Y el primer testigo llega tarde. En una vivienda ocupada, una mancha se ve la semana que sale; aquí, el primer aviso es el olor del día que vuelves, cuando aquello lleva meses ocurriendo.

No hace el mismo daño cerrar en septiembre que cerrar hasta la primavera

Un cierre corto de verano deja olor a cerrado y poca cosa más. Con la casa caliente, los paramentos están lejos de la temperatura a la que el vapor se deposita, y quince días de agosto no dan para mucho. La excepción es la planta baja: el suelo en contacto con el terreno se mantiene fresco mientras entra aire cálido y húmedo, y de ahí salen esos pavimentos mojados en agosto que hacen buscar una fuga que no existe.

El momento delicado del verano no es el cierre, es el día de cerrar. La casa acaba de tener su uso más intenso del año —duchas encadenadas, más gente de la habitual, la cocina a pleno rendimiento— y se cierra la misma tarde en que se va todo el mundo, con las toallas colgadas, los bañadores en el tendedero de dentro, la arena en el lavadero, la nevera llena y las persianas bajadas. Toda esa agua se queda encerrada con la casa.

El cierre largo de invierno es otra cosa. Sin calefacción, la vivienda entera termina trabajando a la temperatura de fuera, y dentro de esa media hay superficies claramente más frías: el muro de fachada expuesto, los ángulos, los tabiques que dan a espacios que no se calientan nunca, el suelo de la planta baja. En clima mediterráneo esto no significa heladas: significa semanas suaves y húmedas sobre una casa fría. Y las persianas bajadas empujan en la misma dirección. Bajarlas puede tener motivos que no se discuten, pero conviene saber lo que cuesta: el sol de invierno sobre un hueco es el único aporte de calor gratuito que la casa va a recibir en meses.

Y hay un día concreto que la intuición no ve venir. Llega una jornada templada y cargada de aire de mar, de esas que apetece aprovechar, y se encuentra una casa que todavía está a la temperatura de las tres semanas anteriores. Ese aire tibio y húmedo entra, toca paredes frías y suelta agua encima. Es justo el día que invita a abrirlo todo de par en par. Los consejos de ventilación escritos para climas continentales, donde el aire exterior de invierno es seco, no se aplican aquí tal cual.

El recorrido de cierre, habitación por habitación

Nada de lo que viene cuesta dinero y todo cabe en la última media hora, con la maleta ya en el coche. La idea es una sola: que la casa quede como un único volumen de aire, sin bolsas de aire parado y sin nada mojado dentro.

  • El baño. Puerta abierta, mampara descorrida o cortina extendida en lugar de arrugada. No selles la rejilla de extracción ni la tapes: el poco recorrido de aire que va a quedar pasa por ahí. Fuera toallas, alfombrilla y trapos. Los sifones pueden secarse si no los usa nadie; llénalos con agua antes de marcharte y, para una ausencia larga, pregunta a un profesional de fontanería qué protección compatible corresponde a tu desagüe.
  • La cocina. Cierra la llave de paso general: un latiguillo que cede con la casa vacía no deja una humedad, deja semanas de agua. Vacía y descongela la nevera y deja la puerta calzada, porque cerrada y vacía todo el invierno es una caja de humedad. Fuera basura, bayetas, fregona y cubo.
  • Los dormitorios. Separa del muro de fachada las camas, los cabeceros y los muebles altos. Un colchón es el mayor depósito de agua de una casa cerrada: de canto si se puede, y si no, al menos despegado de la pared. La ropa de cama, en un armario entreabierto antes que en una funda o en un cajón lleno.
  • El resto. Puertas interiores abiertas y armarios entornados. Ni cinta ni cartón sobre rejillas y aireadores. Fuera las plantas que alguien tendría que regar. Y un repaso a los desagües de terraza y balcón que puedas mirar sin subirte a nada: una hoja seca en un sumidero basta para que un temporal se acumule donde no debe. Subir a una cubierta no entra en esta lista, ni para ti ni para nadie a quien se lo pidas.

Quedan dos datos de dos minutos antes de cerrar la puerta: la lectura del contador de agua con todas las llaves cerradas y cuatro fotos con fecha de las paredes que ya te preocupan, hechas desde un punto que puedas repetir. En marzo, ninguna de las dos cosas se reconstruye de memoria.

Lo que puede quedarse en marcha y lo que exige que alguien entre

Ningún aparato sustituye una visita, pero alguno ayuda mientras no hay ninguna.

Lo que se dejaLo que hace de verdadLo que no hace
Una ventilación mecánica ya instalada, en marcha de forma continuaMantiene la renovación los meses en que nadie abreNo calienta superficies; apagarla para ahorrar la desactiva justo cuando no hay alternativa
Calefacción de fondo a temperatura baja, si se puede dejar con seguridadMantiene las superficies por encima de lo peor del fríoNo retira vapor: sin renovación, solo mueve el problema de sitio
Un deshumidificador con desagüe permanenteBaja la humedad del aire de la estancia donde estáNo renueva el aire ni llega al resto de la casa; con depósito, se para el día que se llena
Un higrómetro con memoria de máximosConvierte una impresión en un dato: hasta dónde llegó la humedadNo corrige absolutamente nada

Dos avisos sobre la tabla. Dejar cualquier aparato enchufado durante meses en una vivienda vacía es una decisión con riesgos propios. Y si la extracción del baño va a parar a un conducto vertical compartido antiguo, no des por supuesto que aspira igual con el edificio frío; ese conducto es un elemento común del inmueble, así que una sospecha de obstrucción se plantea a la comunidad y a un técnico, nunca abriendo ni modificando nada por cuenta propia.

Lo que ninguna máquina hace es mirar. Si tienes cerca a alguien de confianza, veinte minutos de visita valen más que cualquier aparato, siempre que se acuerde antes qué hay que hacer: abrir dos huecos opuestos y las puertas interiores mientras dure la visita, pasar por todas las habitaciones —también por las que no se usan nunca— y abrir los armarios, mirar el contador de agua con todo cerrado y repetir las mismas fotos desde los mismos puntos. Lo que no se le pide a nadie como favor es subir a una cubierta, desatascar un canalón en alto o abrir un conducto comunitario: eso no es una visita, es un trabajo con riesgo.

Las primeras horas de la vuelta

El error tiene una forma muy reconocible. Llegas de noche, hace frío, cierras la puerta, pones la calefacción a tope, te duchas y haces la cena. A la mañana siguiente hay agua en todos los cristales y las paredes están mojadas. No has encontrado el problema: lo acabas de fabricar, porque los paramentos siguen a la temperatura de todo el invierno y el vapor de esa noche se les ha pegado entero.

Nada más entrar, antes de deshacer la maleta. Abre dos huecos opuestos y las puertas interiores, y déjalo así un buen rato. El olor a cerrado se juzga después de esa ventilación, no al abrir la puerta de la calle: cualquier casa cerrada huele mal el primer minuto.

Después, calor pronto y sostenido. Enciende cuanto antes, de forma suave y continua, no a golpes. Las primeras horas no hace falta aire caliente: hace falta que las superficies dejen de ser el punto frío de la casa. Es lo más lento de todo, y por eso se empieza por ahí en vez de dejarlo para la noche.

La primera ducha y la primera cena, con extracción. El documento básico HS 3 del Código Técnico organiza la vivienda como un recorrido: el aire entra por dormitorios y salón, atraviesa la casa y se extrae del baño y de la cocina hacia el exterior. Ese recorrido sigue ahí después del invierno, pero se corta en una puerta de baño ajustada al suelo, sin holgura ni rejilla de paso. En la cocina, campana desde el primer minuto: el mismo HS 3 pide una extracción específica para los humos de la cocción, aparte de la ventilación general.

Si el día que llegas es templado y bochornoso. Ventilaciones más cortas y más insistencia en calentar. Con la casa todavía fría, dejarlo abierto toda la tarde no seca nada: es por donde entra el agua.

Dónde mirar antes de secar nada

Con la casa ya ventilada un rato, la primera vuelta es de mirar, no de limpiar. Los sitios que lo enseñan antes son siempre los mismos y cada uno significa una cosa distinta.

Dónde mirarPor qué sale ahí primeroQué te está diciendo
Dentro de los armarios del muro de fachadaSuperficie fría y aire completamente paradoEs una bolsa concreta, no la casa entera
Detrás del cabecero, del sofá o de un mueble arrimadoEl mueble deja el muro más frío y el aire quietoSepáralo y vuelve a mirarlo unos días después
Colchones, almohadas y ropa guardadaAbsorben humedad y suelen tocar pared o sueloAirearlos antes de usarlos, no después
Ángulos del techo del baño y jambas de las ventanasSon los bordes más fríos de cada estanciaFaltará recorrido de aire cuando vuelvas a vivir aquí
Rodapiés y suelo de la planta bajaEl terreno mantiene fresco el pavimentoPuede no ser condensación: míralo también en semanas secas

Fotografía lo que encuentres antes de secarlo y mucho antes de pintar encima. Una mancha secada la primera mañana ya no se puede comparar con la del año que viene, y la pintura solo tapa la señal hasta que vuelve.

Si hay moho visible en paredes, colchones o armarios, no conviene dejarlo estar hasta el verano siguiente: las guías de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho respaldan relacionar la humedad interior persistente y el moho con síntomas respiratorios. Retirar el moho que ya está y corregir el aire son dos trabajos distintos, y corregir el aire no garantiza que no vuelva.

Cuando el agua no viene del aire: temporales, filtraciones y un contador

Una casa en la costa recibe algo que una vivienda protegida no recibe con la misma fuerza: temporales de levante con la lluvia empujada contra una fachada concreta. Esa agua no cae, se estampa, y busca juntas de carpintería, alféizares, umbrales de terraza y desagües que no dan abasto. Con la casa cerrada, el episodio se puede repetir todo el invierno sin que nadie lo vea.

Aquí aparece el problema de fondo de una vivienda vacía. En una casa habitada, el calendario es el diagnóstico más barato que existe: la condensación sigue al frío y al uso, y una entrada de agua sigue al cielo. En una casa cerrada no tienes calendario, porque nadie estaba delante. Reconstruirlo es posible: las fechas de los temporales fuertes del invierno se consultan después sin dificultad y, cruzadas con las fotos de cada visita, dicen si la mancha creció en una semana de lluvia de mar o a lo largo de tres meses de casa fría. Esa es la diferencia entre una sospecha y una pista.

Hay señales que apuntan a que el agua entró en lugar de depositarse:

  • sigue igual en agosto, en semanas secas y con la vivienda caliente;
  • baja en vertical desde un punto concreto, o sube desde el suelo en una franja continua de borde marcado;
  • sale bajo una terraza, una junta o una ventana, y no en las zonas frías de la casa;
  • con todos los grifos cerrados, el contador de agua se mueve.

La última comprobación es la más barata que existe y merece la pena hacerla cada vez que abres la casa después de un cierre largo, antes incluso de deshacer la maleta. Si las agujas se mueven con todo cerrado, lo que tienes no es una cuestión de aire.

Ventilar no toca nada de esto. Una filtración, una humedad que viene del terreno y una condensación se corrigen de maneras distintas y no se distinguen con fiabilidad sin una inspección presencial. Insistir en airear mientras una entrada de agua se repite en cada temporal solo alarga el daño.

Un cierre que sirva para el siguiente

Un solo invierno documentado convierte el próximo en una decisión en lugar de una impresión. No hace falta nada sofisticado: un folio en el mismo cajón de la cocina, año tras año.

  • la fecha en que se cerró y la fecha en que se abrió;
  • la lectura del contador en las dos fechas;
  • el máximo del higrómetro, si dejaste uno;
  • las mismas cuatro fotos desde los mismos puntos, en cada visita;
  • las fechas de los temporales fuertes, anotadas después.

El segundo año ese folio ya responde preguntas. Si en marzo aparece el mismo armario y nada más, tienes una bolsa de aire parado, y el siguiente cierre se puede probar dejándolo abierto y separado del muro para ver si cambia. Si aparece cargada la casa entera, lo que faltan son meses de renovación y toca decidir si algo puede quedarse funcionando. Si la mancha creció justo la semana de un temporal de levante, deja de ser un asunto de aire y pasa a ser un asunto de fachada. Y si un año la casa aparece claramente mejor, conviene tener escrito qué hiciste distinto, porque el otoño siguiente vas a volver a cerrarla.

Fuentes

Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.

  1. Guía resumida del clima en España — valores climatológicos normales — Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
  2. Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
  3. WHO Guidelines for Indoor Air Quality: Dampness and Mould — World Health Organization
  4. Com ventilar bé una casa: guia bàsica de criteris i recomanacions — 3Cat (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals)