Calidad del aire interior

CO₂ en la vivienda: qué mide de verdad un medidor

Un medidor de CO₂ no valora el aire: mide cada cuánto se renueva. Lo que marca por encima del valor de la calle lo han exhalado las personas que hay dentro, así que la cifra sube cuando el aire no se cambia y baja cuando se cambia. De ahí lo importante: una lectura suelta no significa casi nada, y lo que informa es la forma de la curva a lo largo de las horas, sobre todo la bajada al abrir.

Última revisión: Contenido informativo. No sustituye una inspección técnica presencial ni un proyecto firmado por un profesional competente.

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El CO₂ se produce donde están las personas, en las estancias secas, y para salir tiene que recorrer el camino que ordena el DB-HS 3: dormitorios y salón, circulación, baño y cocina, y de ahí a la calle. Dos funciones distintas: el aire de impulsión entra en la vivienda y el aire de extracción sale de ella. Vivienda Aire de impulsión Aire de extracción
El CO₂ se produce donde están las personas, en las estancias secas, y para salir tiene que recorrer el camino que ordena el DB-HS 3: dormitorios y salón, circulación, baño y cocina, y de ahí a la calle.
  • Aire exterior y superficies frías
  • Aire interior, cálido y húmedo

Lo que mide de verdad el aparato de la estantería

Un medidor de CO₂ no analiza el aire. Cuenta una sola molécula, y esa molécula la fabrican las personas que hay dentro de la casa.

En la calle existe una concentración de fondo que apenas se mueve a lo largo del día. Dentro de una vivienda, casi todo lo que el aparato marca por encima de ese fondo ha salido de unos pulmones. La lectura no es un veredicto sobre el aire: es la distancia entre el aire de fuera y el que estás respirando ahora mismo.

Ahí está el motivo por el que se mide CO₂ y no otra cosa. Una persona sentada lo produce de forma continua y bastante regular, sin picos ni pausas: no se parece al vapor de una ducha, que llega de golpe y se acaba, ni al humo de un sofrito. Cuando la fuente es tan constante, la concentración de una habitación deja de depender de la fuente y pasa a depender solo de la velocidad a la que el aire se sustituye. Eso es lo que convierte al CO₂ en un indicador indirecto de renovación de aire.

Dicho de otro modo, el aparato contesta bien una única pregunta: cuánto tiempo lleva ese aire ahí dentro. No contesta si el aire está limpio, ni si es sano, ni si hay algo en él que convenga sacar. Todo lo demás que parezca decir es interpretación tuya.

Los trabajos que monitorizan CO₂ en viviendas ocupadas describen exactamente ese comportamiento: concentraciones que siguen a la ocupación, suben mientras hay gente en la estancia y caen cuando la casa se vacía o se abre.

Un día de piso, contado por la curva

Deja el aparato registrando veinticuatro horas y la gráfica del día siguiente cuenta la vida de la casa mejor que cualquier descripción general.

La noche. La subida más larga y más limpia de toda la gráfica es la del dormitorio con la puerta cerrada. Durante siete u ocho horas no cambia nada: las mismas personas, la misma puerta, la misma ventana. Por eso ese tramo es la mejor foto que vas a conseguir de la renovación real de esa habitación. Existen revisiones que estudian la ventilación del dormitorio y su relación con el descanso, y es un campo abierto; para leer tu curva basta con la parte física, que no admite discusión: a menos renovación, más acumulación.

El momento de abrir la puerta. Al levantarse, la cifra del dormitorio cae en picado en cuanto la puerta se abre, sin tocar la ventana. Conviene saber qué ha pasado ahí, porque es fácil leerlo al revés: una parte de ese CO₂ no ha salido a la calle, se ha repartido por el piso. Si en ese momento tuvieras un segundo medidor en el pasillo, verías subir lo que en la habitación baja. Diluir dentro de casa no es lo mismo que renovar, y solo lo segundo baja la cifra del conjunto.

La casa vacía. Con todo el mundo fuera y todo cerrado, la curva se acerca despacio al valor de la calle. La velocidad de ese descenso es, más o menos, la infiltración de tu piso: lo que entra por rendijas sin que nadie haga nada. En una vivienda reformada y mucho más estanca que antes, esa pendiente es bastante más plana; no es una avería, es que ha desaparecido una entrada de aire con la que la casa contaba sin saberlo.

La vuelta por la tarde. En una tarde de enero, con todo el mundo en casa y las ventanas cerradas, la curva sube y ya no vuelve a bajar hasta que alguien abre. Si además se cocina con gas, ese tramo mezcla dos fuentes, porque la llama también produce CO₂: la cifra de la cocina con los fuegos encendidos no habla solo de personas.

La consecuencia práctica es que una misma cifra significa cosas contrarias según cuándo la mires. Un valor alto a las ocho de la mañana en un dormitorio que acaba de abrirse va camino de resolverse solo. El mismo valor a las ocho de la tarde, con el salón lleno y todo cerrado, va camino de empeorar. Sin la forma de la curva no puedes distinguir esos dos casos.

La bajada es el único tramo que mide una sola cosa

La subida depende de dos variables a la vez: cuánta gente hay por metro cúbico y cuánto aire entra. Por eso comparar el dormitorio con el salón no aclara casi nada, y comparar el dormitorio consigo mismo en dos noches distintas lo aclara casi todo.

La bajada funciona de otra manera. Cuando la casa se vacía o cuando abres, la fuente desaparece y la curva ya no mezcla nada: solo mide con qué rapidez se sustituye el aire. Es el único tramo de toda la gráfica que responde a una sola variable, y por eso es el que sirve como prueba.

  1. Saca el aparato a la calle o al balcón unos minutos y deja que se estabilice. Ese número es tu referencia; todo lo que midas dentro se lee como una distancia respecto a él, no como una cifra absoluta.
  2. Espera a un momento en que la curva lleve un rato subiendo: el salón después de cenar, la habitación al despertar.
  3. Abre, mira el reloj y anota cuánto tarda en volver cerca del valor de fuera. Apunta qué ventanas y qué puertas estaban abiertas exactamente.
  4. Otro día, en condiciones parecidas, repite cambiando una sola de esas cosas.

Con dos o tres pruebas tienes algo que ninguna recomendación general puede darte: cuánto tarda tu piso, con tus huecos y tus puertas, en cambiar el aire de una habitación.

El resultado sorprende sobre todo en dos situaciones muy de aquí. En un piso con huecos en una sola fachada no hay ventilación cruzada tal como se explica en todas partes: el aire entra y sale por el mismo lado, y la bajada es lenta por mucho que la ventana esté de par en par. Ahí la variable que más mueve la pendiente no es la ventana, son las puertas interiores. Y cuando la única ventana de la habitación da a un patio de luces, el aire del patio está más quieto y suele llegar más húmedo, así que el mismo gesto renueva menos que en la fachada de la calle. Medirlo es la forma de dejar de suponerlo.

Lo que el medidor no ve

El CO₂ tiene un defecto serio como indicador general: lo producen las personas, y buena parte de lo que empeora el aire de una casa no viene de las personas.

Lo que puede estar pasando¿Aparece en la curva?Qué lo delataría
Vapor de la ducha o de la ropa tendida dentroNoUn higrómetro, o el cristal empañado al amanecer
Humo y partículas de una fritura, una vela o el tabacoNoSe ve y se huele; medirlo pide otro aparato
Disolventes de muebles nuevos, pintura o limpiezaNoOlor químico incluso con la casa vacía
Tráfico que entra al abrir a una calle con circulaciónNo: el CO₂ hasta bajaNada de esto lo registra este medidor
Gente en una estancia sin renovación suficienteSí, es lo único que mideLa propia curva

De ahí salen las dos frases que conviene llevarse. Un valor bajo no significa aire bueno: significa aire cambiado hace poco. Y un valor alto no describe un daño concreto: describe que la renovación no sigue el ritmo de la ocupación.

Merece la pena no cargar al aparato con lo que no es suyo. La condensación y el moho dependen de la humedad que se genera, de la renovación y de la temperatura de las superficies frías, y de esas tres cosas la curva de CO₂ solo toca una. Un baño recién usado puede marcar un CO₂ bajísimo con el aire saturado de vapor.

Dónde aparece el CO₂ en la normativa española

El Código Técnico de la Edificación, en su documento básico HS 3, regula la calidad del aire interior de las viviendas. Organiza el recorrido del aire —admisión en las estancias secas, dormitorios y salón; extracción en las húmedas, baño y cocina; aberturas de paso entre unas y otras—, pide además en la cocina una extracción específica para los humos de la cocción y expresa el objetivo de calidad del aire en términos de concentración de CO₂.

Esta página no reproduce esas cifras, y la razón no es la prudencia por la prudencia. Los criterios oficiales llegan acompañados de condiciones de referencia y de un método de comprobación que un aparato de sobremesa encima de un mueble no reproduce. Además son un requisito sobre el proyecto y sobre el sistema de ventilación del edificio, no un examen que una familia tenga que aprobar en su salón. Quien deba valorar técnicamente una instalación mide caudales, no la cifra de tu estantería.

El RITE, por su parte, regula las instalaciones térmicas fijas de los edificios, ventilación incluida, con los requisitos de diseño, mantenimiento e inspección que les corresponden. Es el marco donde encaja la idea de ajustar el caudal a la demanda en lugar de trabajar siempre al mismo régimen, y el CO₂ es una de las señales que lo permiten, precisamente porque sigue a la ocupación.

Para ti la consecuencia es sencilla. El medidor sirve para entender tu casa y para compararla consigo misma; no es un instrumento de verificación ni un argumento técnico frente a nadie.

Cómo un medidor puede engañarte sin estar averiado

El sensor. Los sensores de infrarrojo no dispersivo, los NDIR, miden CO₂. Otros no lo miden: lo estiman a partir de compuestos orgánicos volátiles y lo etiquetan como «eCO₂» o «CO₂ equivalente». Ese segundo número reacciona al espray de limpieza, al alcohol o a la comida, y puede dispararse sin que se haya movido nadie de la habitación. Si la ficha no dice NDIR, da por hecho que estás mirando una estimación.

La autocalibración. Hay aparatos que se recalibran solos dando por supuesto que cada cierto tiempo ven aire exterior. En una vivienda que se abre poco, esa suposición puede fallar y el cero se desplaza sin avisar. Por eso la lectura de la calle no es un trámite del primer día: conviene repetirla de vez en cuando.

El sitio. Junto a la ventana abierta mide la calle. A un palmo de tu cara mide tu aliento. Encima de un radiador, dentro de una corriente o pegado a la rejilla de extracción mide cualquier cosa menos la habitación. Lo razonable es la altura a la que están las personas, sentadas o tumbadas, apartado de esos extremos, y dándole unos minutos antes de creerte los primeros valores.

La pantalla sin memoria. Un aparato que solo enseña el número de ahora te obliga a estar delante, y lo que interesa ocurre mientras duermes o mientras no estás. Sin gráfica, historial o exportación al móvil, el medidor te da cifras y te quita justamente lo que vale, que es la forma.

Lo que cambia en una casa cuando la cifra se ve

El valor de un medidor barato no está en la precisión. Está en que convierte algo invisible en algo que se mira, y eso ordena las conversaciones domésticas mucho mejor que cualquier explicación. Discutir si la habitación de los niños «está cargada» no lleva a ningún sitio; enseñar la curva de la noche anterior, sí. Pasa igual con la ropa tendida en el dormitorio, con la puerta que siempre acaba cerrada o con la idea de que un piso se airea solo.

Hay además un uso que solo funciona si te acuerdas a tiempo. La semana anterior a cambiar algo —una rejilla de paso en una puerta, recuperar la holgura inferior que tapó una alfombra o una tarima, otro horario de extracción, unas ventanas nuevas—, guarda las curvas de dos o tres días normales. Ese es el «antes» que casi nunca se tiene cuando se toca una casa. Con él dejas de discutir si la sensación ha mejorado y pasas a mirar dos gráficas puestas una al lado de la otra.

Fuentes

Las afirmaciones técnicas y normativas de esta página se apoyan en las siguientes fuentes.

  1. Documento Básico HS «Salubridad», Código Técnico de la Edificación — Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana / Código Técnico de la Edificación
  2. CO₂ monitoring in occupied residential apartments — ScienceDirect (S2950362024000274)
  3. Bedroom ventilation and sleep quality: a review — Science and Technology for the Built Environment
  4. Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RD 1027/2007, texto consolidado) — Boletín Oficial del Estado